El Coto Peón, las minas del Chive (Lubrín)

Durante varias jornadas, hemos explorado una serie de espectaculares minas y explotaciones a cielo abierto de mineral de hierro en la Sierra de la Atalaya, cerca del Chive, una pedanía de Lubrín (Almería). El estudio de la mismas concluye que todas ellas constituían una curiosa unidad de producción vinculada a la familia Peón, prolongada a lo largo de varias décadas. Analizaremos su trayectoria histórica y nos recrearemos narrando la extraordinaria experiencia de recorrer sus enormes bóvedas y pasillos, intactos después de décadas de inactividad.

Lubrín es un municipio situado al este de la Sierra de los Filabres, con una historia minera muy interesante, pero poco conocida y aún menos estudiada. A pesar de la riqueza y variedad de los criaderos, su situación alejada de la costa y de los ferrocarriles y cables aéreos que daban salida a los minerales de las principales explotaciones, le impidió jugar un papel relevante en el panorama extractivo de la provincia.

Paradójicamente, fue mientras la minería almeriense daba sus últimos coletazos cuando Lubrín asistió a su apogeo, a finales de los años 50, y hasta bien entrados los años 60 del siglo XX.

Mineralógicamente, lo más peculiar del término municipal es la gran abundancia de granates, incrustados en rocas micáceas. También encontramos amianto (asbesto), que fue objeto de extracción y procesamiento en la pedanía de El Marchal, episodio que merecería otro estudio monográfico. Sin embargo, lo más significativo ha sido la explotación del mineral de hierro, concentrada en el paraje de Las Moletas, lindando con los ricos criaderos de Bédar, y sobre todo, en la pequeña Sierra de la Atalaya, entre el pueblo de Lubrín y la pedanía de El Chive. A esta zona le vamos a dedicar nuestro pequeño estudio, reconstruyendo algunos momentos de su dilatada historia y destacando las enormes posibilidades de uso turístico o pedagógico de alguna de sus minas.

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Historia

El Coto Minero Peón está constituido por 13 concesiones mineras que, prácticamente, abarcan toda la superficie de la vertiente sur de la Sierra de la Atalaya. El elemento aglutinador de todas estas minas fue el empuje emprendedor de D. Segundo Peón Moreno entre finales del siglo XIX y principios del XX.

La actividad minera del señor Peón en La Atalaya aparece documentada por primera vez en 1898, cuando registra las concesiones Araceli y Victoria. Esta última, tras su demasía (ampliación) tenía unas dimensiones colosales para la época, 66 pertenencias mineras (cada pertenencia es un cuadrado de 100×100 metros). Un año antes también había sido titular de otra mina de hierro entre Alsodux y Alboloduy. Ese mismo año de 1898 le compra a su suegro, León Ramírez Egea, la mina Iluminada.

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No obstante, es en 1900 cuando inicia una frenética actividad de adquisición de minas a lo largo de esta pequeña sierra (La Unión y mi Genoveva, La Recompensa, Las Rozas Bilbaínas, El Triunvirato, María Teresa, El León Bravo y Virgen del Pilar). Merece la pena detenerse en estas tres últimas, que a la postre, resultaron ser las más productivas. La forma de adquirirlas fue por partes. El 23/02/1900 compra a José García Sueca el 10% de ellas, y el 06/04/1900 hace lo propio con el 90% restante, del que eran titulares Clara Gorostegui Arrantia y los hermanos Agustín y Valentín Iza Rementería. Entendemos que esta última parte es la herencia que les correspondía del industrial vizcaíno Fernando Iza, del que consta la existencia de tratos mercantiles con Víctor Chávarri, uno de los mayores inversores foráneos en las minas de Bédar de la época.

Lo más curioso es que, tanto Virgen del Pilar como El León Bravo, habían sido registradas por primera vez en 1880, precisamente, por el suegro de Segundo Peón, que posteriormente debió haberlas vendido.

Ya en 1907 se completa el coto minero con la adquisición de San Antonio y San Miguel, manteniéndose las 13 minas como una explotación conjunta a lo largo de varias décadas.

Sin embargo, no aparece ninguna mina de Lubrín en las declaraciones de los mineros publicadas en el B.O.P. a efectos del pago del impuesto entre 1889 y 1910, fechas en la que era obligatoria tal circunstancia. Esto puede ser indicativo o bien de lo escaso de su producción o de la magnitud del fraude fiscal, o de una mezcla de ambas. No hay que perder de vista que se trataba de una comarca que se encontraba fuera de los grandes cotos, y que no disponía de ningún medio de transporte moderno para el mineral de hierro, bien fuera ferrocarril, cables aéreos o planos inclinados, a diferencia de lo que sucedía ya en la práctica totalidad de la provincia. De hecho, este período coincide con el ciclo expansivo por antonomasia de la minería del hierro almeriense, apoyado en la demanda sostenida y en los buenos precios.

La única referencia bibliográfica que hemos encontrado respecto a las minas de municipio es la mención genérica de Andrés Sánchez Picón en La Minería del Levante almeriense a la participación de la compañía francesa POMAN, fundada en 1893, y que trabajó minas de hierro en Lubrín. En el mismo trabajo se recoge una cita de El Minero de Almagrera de 1883, sobre la participación de la compañía alemana Stolberg & Westfalia en diversos negocios mineros diseminados en los términos de Turre, Lubrín, Enix y Lucainena.

Por nuestra parte, hemos localizado otras dos referencias en El Observador Mercantil, en 1906. El 25/01/1906 se hace eco, con la grandilocuencia habitual en la prensa de la época, de las grandes expectativas del coto minero de Los Coscojares. Meses más tarde, el 08/01/1906 se llega incluso a informar de la existencia de un proyecto para construir un ferrocarril, por parte de una empresa extranjera sin identificar, que “partiendo del coto de Los Coscojares pase por los grandes criaderos de hierro de Juan Blanquilla y La Atalaya, y venga a morir en las playas de Carboneras y Garrucha”.

Para volver a tener noticias de este coto minero, hemos de esperar hasta 1926. El Tomo II de la magna obra de Guardiola y Sierra, Criaderos de Hierro de España, dedica el capítulo XIX a los Yacimientos de los términos de Zurgena y Lubrín, si bien se detiene únicamente en los de Coscojares y la Atalaya.

Lo más significativo es el hecho de reconocer al coto como una unidad de explotación, aunque el número de concesiones que recoge es 12, no 13. Tampoco identifica si la gestión correspondía a los herederos del propietario, el citado Segundo Peón, que había fallecido en 1923, o había sido arrendado a un tercero.

A pesar del tiempo transcurrido, nos volvemos a encontrar con el hecho de que su situación, más alejada del mar que las formaciones montañosas de Bédar, con las que comparte naturaleza geológica, ha impedido su explotación en gran escala. El escaso mineral extraído era transportado a lomos de animales hasta el ferrocarril de Lorca a Baza, para su embarque en Águilas. Entendemos que el punto de carga en el ferrocarril sería la estación de Zurgena, la más próxima a las minas.

La descripción geológica del criadero de mineral es bastante prolija, estimando sus reservas a la vista en unas 600.000 toneladas de hematites parda, que con un plan completo de explotación podrían llegar al millón y medio de toneladas. En cuanto a la calidad del mineral, su contenido en hierro oscila entre el 45 y el 48%, con un 2% de manganeso, y muy pobre en silicio y fósforo, lo que lo convierten en muy apreciado en los mercados.

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Pese a la gran importancia del criadero, las labores a esa época se limitaban a algunas rozas y a una serie de galerías de no más de 12 metros de profundidad. La gran esperanza para la viabilidad de la explotación era la cercanía al trazado del proyectado ferrocarril estratégico de Torre del Mar a Zurgena, apenas a unos 4 kilómetros. Sin embargo, en esa década ya parecía haberse esfumado tal posibilidad, por lo que Guardiola y Sierra apuntan como más factible la idea de construir un cable aéreo de unos 8 kilómetros entre los terrenos de la concesión León Bravo y la estación del ferrocarril de Chávarri en Bédar.

Para volver a encontrar información sobre el devenir de la minería en la Sierra de la Atalaya, hemos de esperar a la década de los 50. Entre 1953 y 1958, la Estadística Minera y Metalúrgica de España (EMME) va a recoger algunas breves reseñas a la zona de nuestro interés. La más extensa es la primera de ellas, en 1953, anunciando que “se ha reanudado la explotación el el llamado Coto Peón, de Lubrín. El nuevo explotador es la empresa Alfomelo S.A., formada por entusiastas elementos, con medios económicos poderosos”. Por enésima vez, alude también a la importante cubicación del yacimiento, a la buena calidad de su mineral y, como no, al difícil y costoso transporte.

Se cifra la producción para ese ejercicio en 11.960 toneladas, parte de las cuales fueron transportadas por carretera para embarque por el puerto de Almería, y las otras transportadas a Zurgena para seguir por ferrocarril al puerto de Águilas. Asimismo, se vuelve a plantear la posibilidad, contemplada por la empresa, de un cable aéreo para llevar el mineral hasta la costa, esta vez por “el antiguo embarcadero de Villaricos”.

En 1955 la explotación recibe un gran impulso, llegando a producir 69.028 toneladas. En los años sucesivos se va mantener elevado el nivel de producción. En 1957 se señalan ya algunas dificultades, bajando la producción hasta las 52.000 toneladas. A partir de 1959, desaparece toda mención al Coto Peón en la EMME.

En los distintos expedientes administrativos de las concesiones mineras, obrantes en el Archivo Histórico Provincial de Almería, hemos localizado el contrato de arrendamiento de las minas del Coto Peón a favor de la empresa Minas de Hierro Alfomelo S.A. Lo curioso es que, como propietario y arrendador de las minas, figura el comerciante malagueño Carlos Rubio Robles, aunque más adelante tendremos ocasión de aludir al origen y desenlace de esta cuestión.

Centrándonos en la empresa Alfomelo, esta fue constituida en Madrid como Sociedad Limitada el 21/02/1953. En el citado contrato de arrendamiento se estipula una duración del mismo hasta el 31/12/1958, a un precio de 5 pesetas por tonelada de hierro extraída. El 25/08/1953 se eleva a público en Málaga dicho contrato, pero para entonces Minas de Hierro Alfomelo se había transformado en Sociedad Anónima, pasando su capital social de uno a tres millones de pesetas.

Detrás de esta sociedad está la curiosa figura de Alfonso Martín Escudero, un emprendedor que, a partir de unos orígenes muy humildes, acabó creando un potente grupo empresarial, que culminó con la fundación de un banco en Brasil. Nacido en 1901 en Brihuega (Guadalajara), comenzó su trayectoria a los 13 años como ayudante de un representante de tejidos, para llegar a establecerse él mismo en la venta al por mayor de tejidos en La Coruña. En 1953 funda la citada Minas de Hierro Alfomelo y una sociedad subsidiaria, Transporte de Minas, encargada de realizar los embarques y exportación de mineral. También consta que adquirió minas en Lorca y Águilas, además de convertirse en propietario de importantes solares en el Paseo de la Castellana de Madrid. Sin abandonar sus negocios españoles, da el salto a Cuba, donde desarrolló actividades de muy diversa índole. En medio de las convulsiones por la revolución castrista, abandona Cuba y se establece en 1955 en Brasil, donde acabará fundando el Banco Alfomares, posteriormente adquirido por el Estado de Paraná. Falleció en Brasil a la edad de 88 años.

alfonso-martin-escuderoAlfonso Martín Escudero (Fuente: meioseculo.blogspot.com.es)

De los pormenores técnicos de la explotación durante esta época no nos han quedado testimonios, si bien entendemos que la magnitud del volumen de mineral extraído justificó la construcción de las estructuras que aún hoy se conservan, y que se limitan a varias tolvas de piedra, el trazado de varias vías mineras y la casa de la empresa.

Entrando ya en los años 60, un nuevo contrato de arrendamiento nos va a arrojar algo de luz sobre el período intermedio que había entre la consolidación del Coto Peón, a principios del siglo XX, y la época de Alfomelo. En 1964 José Peón Santana, en calidad de representante de los herederos de Segundo Peón Moreno, solicita ante la Jefatura de Minas la cancelación de la inscripción de las concesiones mineras a nombre de Minas de Hierro Alfomelo S.A., al haberse extinguido el 30/04/1959 el arrendamiento. Al mismo tiempo, solicita que sean inscritas a nombre de la familia Peón, apoyándose en una sentencia judicial de la Audiencia Territorial de Granada de fecha 14/06/1958, confirmada por otra del Tribunal Supremo de 1962. En virtud de esta sentencia se declaran como nulos los contratos de compraventa de 20/12/1916, ya que la venta de las minas de Segundo Peón a Carlos Rubio Robles había sido simulada. En consecuencia, se ordenaba el reintegro al Sr. Rubio de 52.000 pesetas, más los correspondientes intereses. Admitido el cambio de dominio por la Administración, los herederos del Sr. Peón pretenden arrendar el coto minero a Ignacio Sellán Aizpuro. No obstante, por defectos de forma no se admite la solicitud, no habiendo encontrado en los expedientes ningún contrato que demuestre que, finalmente, el arrendamiento hubiese llegado a término.

Un último intento de arrendamiento, cuya autorización administrativa en principio también consta como anulada, tuvo lugar el 27/01/1970, a favor del santanderino Jorge España Sasia. En el contrato se estipulaba un canon de 14 pesetas por tonelada de mineral de hierro, con un mínimo de explotación de 12.500 toneladas. De forma un tanto rocambolesca hemos podido acreditar que, efectivamente, hubo actividad durante dicha época, como veremos más adelante.

Finalmente, en 1987, la Consejería de Fomento y Turismo de la Junta de Andalucía declara la caducidad las 13 concesiones de explotación que constituyeron el denominado Coto Peón de la Sierra de la Atalaya, cerca de la pedanía del Chive, cerrándose la historia de este coto minero familiar de tan inusualmente prolongada existencia.

Las minas

La primera zona que hemos visitado ha sido la menos interesante de todas. Hacia el centro de la sierra, y en la vertiente sur, existen una serie de labores a cielo abierto de pequeña magnitud. Se trata de los terrenos ocupados por la concesión Victoria. Llegamos desde la pedanía de El Pilar, por la estrecha carretera que va hasta el Chive. Apenas a un kilómetro desde el cruce, dejamos el coche, y remontamos un pequeño barranco que en su día estuvo poblado por chumberas, hasta la zona de las minas.

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Vista general de las labores en la vertiente sur de la Sierra de la Atalaya, desde el punto donde dejamos el coche

Pasamos junto a una galería derrumbada y una gran escombrera, de la que nos llaman la atención las durísimas piedras de mármol que la componen. Más al este, y siguiendo lo que presumiblemente fuera una vía minera, llegamos hasta una pequeña tolva de piedra, que bajaba el mineral desde las labores del nivel superior.

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En el extremo occidental de la sierra hemos observado la existencia de un par de tolvas de características muy similares, en terrenos de Triunvirato, muy cerca de la carretera de Lubrín a Uleila del Campo.

La siguiente zona que visitamos resultó ser bastante más interesante, dedicándole dos excursiones completas. Justo al borde de la carretera que une el Chive con Lubrín se encuentra la concesión León Bravo, y las mayores infraestructuras de todo el coto minero. Lo primero que vemos es una gran tolva de mampostería, que viene a volcar justo al nivel de la carretera. Sin duda alguna, se trataba de el punto desde donde se cargaban los camiones en la etapa de Hierros Alfomelo.

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Tolva de carga en los camiones

Por encima de ella se aprecian los restos de un enorme depósito de minerales. Alrededor de este punto, se suceden numerosas canteras o rozas a cielo abierto, algunas de ellas gigantescas.

La primera boca de mina que vemos está muy cerca de la tolva, junto a la carretera, rectilínea y de unos 30 metros de longitud, fácilmente accesible, pero poco interesante.

La mina más espectacular de la concesión está muy escondida entre matorrales, y la encontramos a levante del gran depósito, siguiendo el trazado de lo que sería una vía minera, encima de la casa de la compañía minera. Sólo por ella merece la pena la visita. Nada más entrar por la estrecha abertura nos encontramos dentro de una enorme cavidad, excavada a golpe de barrenos. Las luces de nuestras linternas ni siquiera llegaban a los techos, de tan considerable altura que presenta.

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Entrada de la mina León Bravo

Desde la gran bóveda, podemos profundizar a través de sendos pasillos, a derecha e izquierda. El de la izquierda da paso a otra bóveda, más pequeña que la de la entrada, pero en cuyas paredes encontramos unos bellísimos y abundantes ejemplares de pirolusita (óxido de manganeso), perfectamente distinguibles por su intenso brillo metálico. El pasillo de la derecha resulta especialmente reseñable, por cuanto el suelo que pisamos es el propio filón de hierro. El método de explotación era el de pilares o llaves, que consistía en en dejar columnas del mineral para sostener las bóvedas a medida que estas se iban perforando.

20151115_133736_2-webAntesala de la mina León Bravo

Al fondo de las labores efectuamos un curioso hallazgo, una caja vacía de explosivos y un rollo también vacío de cable detonador, así como una espuerta para llevar el mineral. La importancia de este descubrimiento es que nos ha servido para demostrar que, efectivamente, la actividad minera se prolongó, al menos, durante los años 70, a pesar de que en el expediente administrativo no se haya encontrado ningún documento que lo acreditase. Y si podemos demostrarlo es, precisamente, porque tanto la caja de explosivos como el rollo de cable corresponden a Unión de Explosivos Río Tinto S.A., de Madrid, compañía que fue fundada en 1970 a partir de la fusión de Unión de Explosivos de España y la Compañía Española de Minas de Río Tinto.

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Nuestra última excursión la hemos dedicado a la concesión María Teresa, también atravesada por la carretera del Chive a Lubrín, en la parte más oriental del coto minero. Siguiendo dicha carretera, apenas un kilómetro y medio después de la casa de la mina, observamos numerosas labores mineras a nuestra izquierda. La más visible es una especie de cueva de grandes dimensiones. No obstante, esta se trata de la que menos desarrollo tiene. Existe otra galería, en frente de la tolva (la cual conserva aún una vertedera metálica), escondida entre la vegetación, que al entrar da paso a otra nueva cavidad de enormes dimensiones. Muy parecida a la de León Bravo, esta resulta significativamente más peligrosa, pues desciende abruptamente en forma de socavones, uno de los cuales pasa justo al lado de un pozo de gran profundidad. Tampoco el suelo ayuda, pues a diferencia de lo que veíamos antes, se compone de piedras sueltas y tierra muy resbaladiza, y en su interior no hemos encontrado minerales de valor.

Por último, a la derecha de la carretera, y no visibles desde esta, hemos localizado otras galerías de gran interés. Hay que bajar el barranco hasta una zona de acopio de minerales. A la izquierda nace el trazado de lo que debió ser una vía minera, que va rodeando el cerro hasta una gran explanada. En los dos extremos de la misma se sitúan dos minas de agradable visita, si bien con características diferentes. La de la izquierda es del tipo bóveda, naciendo en su misma entrada una cámara principal de grandes dimensiones. Al fondo, otra cámara más pequeña alberga en sus paredes unas goethitas muy interesantes.

La de la derecha es un pequeño laberinto de galerías, de suficiente altura para movernos con facilidad, y de trazado sinuoso, que denota cómo los mineros iban siguiendo la dirección anárquica de los filones. Para enfilar la parte más profunda hay un escalón con el que conviene ser muy precavido, pues a la vuelta puede resultar difícil de subir, al no existir ningún punto de apoyo. Como curiosidad, la mina se encuentra llena de opiliones, un tipo de araña inofensiva y muy común en las minas de Almería, de cabeza muy pequeña y patas muy largas, que en ocasiones forman enjambres con decenas de ejemplares. Se trata de una mina muy entretenida de recorrer y, como la mayoría de las minas almerienses, aparentemente segura por la consistencia de las rocas.

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Las dos minas en la explanada al final de la vía minera de la concesión María Teresa. A la de abajo corresponde el vídeo que acompaña a esta publicación

Minerales

En la base de datos del Instituto Geológico y Minero de España existen recogidos tres indicios metalogénicos en la zona de la Sierra de la Atalaya.

El número 1014005 se corresponde con las minas Victoria, San Miguel y Triunvirato, coordenadas X: 581.100 e Y: 4.116.900. Definido como de naturaleza estratiforme/estratoligado¸ N040-060/50-70NE, en las labores principales; hacia el SE cambia el sentido de buzamiento. La mineralización sigue el muro de la formación marmórea, con aloramientos aislados.

El número 1014006 se corresponde con la mina León Bravo, coordenadas X: 582.200 e Y: 4.116.500. Definido como de naturaleza estratiforme, con cuerpos mineralizados estratiformes, hacia la base de la formación carbonatada; también filones N005 por sustitución de los carbonatos a favor de fracturas y planos de discontinuidad.

Para ambos indicios, como minerales principales contempla hematites, limonita y siderita y, como secundarios, óxidos de manganeso y hematites especular.

Por último, el número 1014004 lo denomina “Labores de la Atalaya”, cerca ya de la pedanía de El Pilar, coordenadas X: 580.500 e Y: 4.117.400. También es de naturaleza estratiforme, N120/35N, con niveles lenticulares centimétricos de óxidos de hierro, en un paquete de mármoles de al menos 2 metros de potencia. Minerales principales: hematites y limonita, y como secundario posible pirita.

A continuación podemos disfrutar de unas fotografías de los minerales recogidos.

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Pirolusita. Foto cortesía de José A. Soldevilla.

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Pirolusita. Foto cortesía de José A. Soldevilla.

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Análisis de las pirolusitas (cortesía de Adolf Cortel)

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Siderita y calcita (foto del autor)

Perspectivas de aprovechamiento

Consideramos muy interesante explorar las posibilidades de aprovechamiento turístico y didáctico de esta comarca minera, tal y como ya se está llevando a cabo en numerosos puntos de España y el extranjero. En un espacio relativamente pequeño encontramos minas espectaculares, instalaciones de patrimonio industrial y rutas y parajes de gran valor paisajístico. La inversión en acondicionamiento de las galerías no debería ser muy elevada, y nos atrevemos a sugerir la gran mina de León Bravo como la más idónea para ser convertida en visitable, y embrión de un futuro desarrollo de turismo minero de la comarca.

En cualquier caso, sirva este trabajo para dar a conocer una muestra más del ingente patrimonio minero almeriense, y rescatar del olvido la historia de unas minas por las que pasaron varias generaciones de sufridos trabajadores.

Por último, añadimos un vídeo grabado en la última de nuestras visitas.

© Mario López Martínez
Amigos del Patrimonio Geominero de Almería – 2016

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El Cable Aéreo del Colativí a Casas Fuertes

El Cable Aéreo del Colativí a Casas Fuertes fue, en su momento, uno de los más largos de Europa, con sus más de 18 kilómetros. Fue construido por el conocido ingeniero afincado en Almería Carlos Bahlsen para la Sociedad Minera Cordobesa de Sierra Alhamilla, en 1904, para transportar el hierro de las minas situadas alrededor del pico Colativí, el más alto de Sierra Alhamilla.
Hace varios años tuvimos ocasión de recorrer, en una de las míticas excursiones de Asafal, la zona de la tolva de carga del cable, y la cabeza del plano inclinado que subía mineral desde la vertiente norte de la sierra.

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Mucho menos conocidas son las tres estaciones intermedias del cable, que de abajo hacia arriba serían Terrones, Las Viñicas y Las Mañicas. De hecho, no nos constaba la existencia de fotografías de las mismas, ni siquiera su localización.
Nuestro reto del pasado sábado día 23/04/2016 fue localizarlas y documentarlas lo mejor posible. Finalmente conseguimos acceder a todas ellas, en una ruta cuyo tramo final revistió gran dureza.
La estación de Terrones está junto la carretera, poco antes de llegar a Cuevas de los Úbedas. Albergaba la máquina de vapor, y es la que mejor se conserva, puesto que se sigue utilizando como refugio de ganado. Se distingue perfectamente la chimenea de dicha máquina. También hay tres grandes balsas, suponemos para almacenar el agua necesaria para su funcionamiento.

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La de Viñicas era, como la de Terrones, también de ángulo, y en este caso este giro está perfectamente delimitado por sendos muros que, prácticamente, es lo único que queda en pie. Es difícil encontrarla sin antes localizarla por fotografía aérea. En mitad de estos hay un gran pozo, abovedado, que suponemos pueda tratarse de una captación de agua.

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La última estación antes del inicio del Cable era las Mañicas, la más inaccesible. Situada a 917 metros de altitud, al norte de la cortijada de las Mañicas, se construyó pensando configurarla también como estación de carga del mineral de las minas adyacentes. Se llega a ella desde una bifurcación a la izquierda poco antes del Cortijo del Albaricoque, hoy casa rural regentada por unos franceses. La pendiente es muy exigente, y es obligado subir a pie.

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Entre la cortijada de las Mañicas y la estación del Cable encontramos un rumbo minero (designación nacional del término inglés “round buddle”), una especie de era circular para triturado y centrifugado rudimentario del mineral.

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También una muy interesante escombrera con minerales de cobre (crisocola, duftita, malaquita, conicalcita…).

Conicalcita y crisocola Crisocola Las Mañicas - 2 Crisocola Las Mañicas Malaquita y posible conicalcita Malaquitas y duftitas

Fundición de El Tartel – Vícar (Almería)

En el Barranco del Tartel, encontramos los restos de una de las fundiciones de plomo que tanto abundaron en la Sierra de Gádor.

Aunque Lorenzo Cara Barrionuevo sitúa este paraje en su obra “Notas para el estudio de la minería almeriense anterior al siglo XIX” como uno de los de más antigua explotación, con restos romanos muy próximos, no hemos encontrado referencias a la misma.

Se accede desde la carretera del Canal de Benínar, que discurre paralela a la A-7, a la altura de la Ciudad del Transporte, girando a la derecha cuando vemos unas pitas. Pasamos bajo el Peñón de Bernal (escenario del rodaje de la película Conan el Bárbaro, y subimos por el carril en buen estado hasta llegar a las ruinas.

Lo único que queda en pie son los muros de un edificio de respetable altura, algunas canalizaciones de agua y unas estructuras que parecen las bocas de galerías de humos. También, en la parte que está por encima del camino, hay muros de contención que parecen formar terrazas.

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Por la tipología de lo que parecen ser hornos y galerías y los materiales utilizados, diríamos que se trata de una fundición de la época del auge de la minería del plomo, posterior a la liberalización de 1825.

Cabría pensar que la ubicación de la fundición obedece a la existencia de minas en las inmediaciones. Sin embargo, únicamente hemos localizado dos escombreras cerca de la misma, aguas abajo de la rambla.

Mucho más abajo, y entendemos que sin relación con esta fundición, se encontraba la mina San Andrés, de cobre, de la que se ha borrado la entrada con los trabajos de reforestación.

Si seguimos remontando el camino, llegamos a la Fuente del Tartel.

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Mapa de situación:


 

 

Mina La Amistad – Felix (Almería)

Mina de plomo situada en el Barranco Jitar o del Zarzalejo de Felix, en la Sierra de Gádor (Almería).

Solicitado el Permiso de Investigación por Manuel Góngora Garbín en 1953, pasando posteriormente a la fase de Concesión de Explotación. Se partía de la existencia de una labor antigua, de pocos metros. Se limpió esta de escombros, y se prolongó la galería, siguiendo un manto de galena.

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Si bien en el proyecto de labores se pretendía extender la explotación con otras galerías perpendiculares a la principal, en nuestra visita únicamente encontramos la galería, de unos 70 metros de longitud. Al final, giraba a la derecha, descendiendo.

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La extracción del mineral debió ser muy complicada, por lo abrupto del barranco en el que se encuentra la mina. Hay una pequeña tolva, y unos pilotes de hormigón que podrían ser el soporte de algún cable aéreo, porque no hay camino de acceso alguno a la mina.

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A un nivel algo superior a la galería se encuentra una pequeña balsa, sin duda para el lavado del mineral.

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En la escombrera, y en una de las calicatas adyacentes a la galería, encontramos algo de galena (muy poco), unas muestras minúsculas de fluorita cristalizada, algo más de fluorita masiva, calcita y ankerita. Dentro de la galería, un murciélago, un reptil dentro de una grieta, que podría ser un camaleón, y un grillo cavernícola.

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Enlace al foro Mulhacén, con una entrada de José Francisco Castro Medina sobre la excursión:

http://gr-mulhacen.foroactivo.com/t1368-mina-la-amistad-barranco-jitar-felix-almeria-andalucia-espana

Localización en Google Maps.

Minas de azufre de Las Balsas – Gádor

En la ciudad de Almería, la referencia a las Minas de Gádor ha estado íntimamente unida a las fábricas que hasta hace unos pocos años se ubicaban en la parte alta de la Carretera de Ronda, pero la práctica totalidad de los almerienses ignoran la vinculación de esas instalaciones al municipo de Gádor y a la Sierra a la que da nombre. Para identificar el antecedente directo de un complejo tan arraigado en el paisaje urbano, y que incluso sigue dando nombre a una moderna urbanización que ocupa su solar, hay que remontarse en el tiempo y en el espacio, hasta las faldas orientales de la Sierra de Gádor, donde a finales del siglo XIX comenzó la explotación del azufre, un mineral relativamente raro en el panorama minero almeriense, y que nos ha dejado unos vestigios de gran interés.

HISTORIA

Las mineralizaciones de azufre de Gádor y Benahadux se sitúan en el borde nororiental de la Sierra de Gádor, y los expertos no terminan de ponerse de acuerdo sobre su procedencia, aunque prevalece la interpretación de que se trata de manifestaciones tardías de actividad hidrotermal ligada a la actividad subvolcánica. De hecho, en la zona abundan las aguas freáticas fuertemente ácidas (p.ej. el Manantial La Familia).

El inicio de la minería en la comarca se remonta aproximadamente a 1874, cuando se registraron las primeras concesiones en el paraje de Las Balsas de Gádor, con los nombres de “La Familia” y “La Gracia”, multiplicándose las explotaciones en los años siguientes. A principios del siglo XX comienzan las labores mineras en el coto de Benahadux, en una pequeña concesión denominada “El Trovador”.

Además de perforar numerosos pozos y galerías, se construyeron costosas instalaciones de desagüe, extracción y beneficio. Además de azufre puro, se explotaron otros minerales, como alunita y calafatita, de la que se extraía sulfato potásico, alúmina y ácido sulfúrico.

La producción de azufre estuvo ligada en gran medida al consumo local, con destino a los parrales de la provincia. El principal problema era la pérdida de mineral durante la fundición, a pesar de haber ensayado varios procedimientos. En 1885 se solucionó este problema, con el invento del denominado “horno Gil”, en la explotación “Buen Viento Corre”, del paraje de Las Balsas de Gádor. Los beneficios fueron cuantiosos, desarrollándose un pequeño núcleo de población que llegó a albergar a unas mil personas, y cuyo nombre ha perdurado hasta nuestros días. La misma sociedad instaló otra fábrica en las afueras de Almería (cerca de los talleres de Alsina Graells), que ha pervivido hasta fechas recientes.
La producción alcanzó sus niveles máximos entre 1883 y 1893, llegándose a exportar una parte en forma de ácido sulfúrico. El ocaso vino aparejado con el agotamiento de los filones, agravado por los rudimentarios métodos de laboreo y el afloramiento de aguas subterráneas.

La minería de azufre en la Sierra de Gádor quedó totalmente abandonada en 1952, habiéndose extraído alrededor de 400.000 Tm. en Benahadux y una cantidad algo mayor en Las Balsas, si bien consta la existencia de una reciente campaña de sondeos de una compañía minera.

LOCALIZACIÓN

Llegar a las Balsas de Gádor no es demasiado complicado. Desde Benahadux, tomando la A-348 con dirección a Alhama, tomamos un desvío a la izquierda, señalizado como “Las Minas”. Una carretera nueva nos lleva hasta el Centro de Recogida de Residuos. Casi antes de llegar a este, debemos tomar a la derecha un pequeño carril asfaltado. A unos dos kilómetros se convierte en pista de tierra, desembocando en otra carretera asfaltada que da servicio a los camiones de las canteras que transportan áridos hasta la cercana fábrica de cemento de Holcim. La seguimos a la derecha (dirección norte-este), cruzando la rambla de Las Balsas, y teniendo cuidado de no desviarnos de ella, pues nos aparecen varios ramales que desembocan directamente en las canteras, con numerosos avisos de peligro por voladuras. Cuando hemos recorrido unos dos kilómetros aproximadamente surge tras una curva la inconfundible figura de una chimenea, muy probablemente vestigio de la fundición “Los Leones”. Detenemos el coche en el arcén y ascendemos a pie por la loma hasta divisar todas las ruinas.

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DESCRIPCIÓNNos encontramos ya en el paraje conocido Las Minas, que abarca las demarcaciones mineras conocidas por: Reales Órdenes, Los Amigos, Fin de Año, De Mº a fin de año,  Segundo Cordonazo y, la más importante, Buen Viento Corre. Buscamos primero los restos del edificio que albergó la casa gerencia de la explotación. Desde ahí se pueden divisar los elementos más interesantes de todo el conjunto: tres baterías independientes de 8 hornos de calcinación cada una, característicos por su forma circular. De ellas, la más cercana a la casa gerencia es la mejor conservada. Por doquier afloran pequeñas rocas de azufre, perfectamente distinguibles por su color amarillo y olor penetrante. En la batería situada en la parte más elevada abundan también unas extrañas piedras ligeras de color negruzco y con incrustaciones rocas. No son otra cosa que las escorias de la fundición. En la bibliografía consta la existencia de otra batería de “hornos Gil”, que creemos se encuentran algo más alejados, al otro lado de la carretera, en plena cuesta.
En el cerro que bordea al complejo observamos también la silueta de lo que parece un canal, de arriba hacia abajo, probablemente vinculado a alguna instalación de desagüe o transporte de agua. No en balde, hay constancia de que en las explotaciones mineras se llevó a cabo la lixivación del mineral de calafatita. Una vez calcinado, se disolvía el sulfato potásico, dejando insoluble la alúmina. Se necesitaban 5 metros cúbicos por tonelada de sulfato potásico. Las aguas con el sulfato en disolución se llevaban a balsas de evaporación. Debido a lo benigno del clima de Almería, no se necesitaba ningún otro agente evaporador. Sin embargo, no hemos podido localizar restos de estas balsas.

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Batería de hornos en la parte más elevada de la explotación. Al fondo posible canalización

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Vista de los hornos superiores desde el otro extremo

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El complejo “Buen Viento Corre” visto desde arriba

PROTECCIÓN

Protegido como Inmueble nº 27 del Anexo de la Resolución de 7 de enero de 2004, de la Dirección General de Bienes Culturales, por la que se resuelve inscribir colectivamente con carácter genérico en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz cuarenta y cuatro Bienes Inmuebles pertenecientes al Patrimonio Industrial relacionados con la minería de los siglosXIX y XX en la provincia de Almería (BOJA nº 29 de 12/02/2004).

RIESGOS Y AMENAZAS

En la actualidad, todo el paraje se encuentra en total estado de abandono, en un entorno deshabitado. La principal amenaza estriba en las numerosas explotaciones a cielo abierto de áridos para la fabricación de cementos en la cercana fábrica de Holcim. Tanto las voladuras como el continuo tráfico de camiones de elevado tonelaje provocan vibraciones de gran intensidad, que amenazan con derrumbar unos hornos que ya se encuentran en un estado de conservación bastante precario.

Estación del ferrocarril de Almería

Si de algo puede presumir Almería que pocas ciudades tengan es de una estación de ferrocarril tan bella. Una paradoja más a añadir a la más característica tierra de contrastes: una de las últimas tres provincias a las que llegó el ferrocarril posee parte del patrimonio ferroviario más interesante. Y es, quizás, ese momento tardío de la llegada del ferrocarril lo que hace coincidir su construcción con el esplendor de la llamada “arquitectura del hierro”, habiendo sido calificada como “un monumento al final del desierto”.

Historia y descripción

La empresa contratada por la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España fue la francesa Fives-Lille, entrando en servicio en 1895 con la inauguración del tramo hasta Guadix de la línea Almería-Linares. Un aire francés la hermana con la estación de Roubaix (1890), construida al igual que la de Lille por la misma empresa.

En primer lugar, hay que señalar que su disposición es de estación de tránsito, no de término, por dos razones. En primer lugar, porque la concesión de la línea tenía su final en el Puerto de Almería, a unos 3 kilómetros de la terminal de viajeros. En segundo lugar, aunque como una posibilidad más remota, se preveía una futura prolongación de la línea por el litoral hasta Málaga y Cádiz, que nunca llegó a realizarse.

El edificio como tal tiene 54 metros de fachada, repartidos entre un cuerpo central con una espectacular vidriera sostenida por estructura metálica, con reloj enmarcado, dos alas laterales de dos plantas, y dos torres en los extremos. Se conjugan armoniosamente sillería, ladrillo, hierro y cerámica, mezclando eclécticamente distintos estilos. Dentro del vestíbulo pueden contemplarse ambas carenas acristaladas, mientras que el testero sobre el que se abren las taquillas se eleva, en arco de medio punto, con falsas dovelas alternadas de ladrillo, un mural cerámico de Francisco Cañadas. No podemos olvidarnos de las bellas marquesinas de hierro de la entrada y del andén.

En la antigua “sala de primera clase” salieron a la luz unos artesonados cerámicos ocultos por un falso techo colocado en el espacio habilitado como cantina. En la fachada principal, entre las ventanas de la segunda planta, se repite en los azulejos la letra “A”. Unos la atribuyen a Almería, mientras otros se decantan por Andaluces, la compañía que sucedió en la explotación de la línea a Sur de España.

Tras la Guerra Civil, la balaustrada de ladrillo que contornea el remate superior tuvo que ser reconstruida por los desperfectos sufridos en un bombardeo. Durante la reforma de 1988-1991 se descubrió la entrada de dos refugios antiaéreos construidos durante la contienda.

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La estación desde el lado de las vías

Protección y puesta en valor

Con la inauguración en julio de 2001 de la nueva Estación Intermodal, construida junto a la antigua estación, esta última quedó en desuso, salvo algunas dependencias auxiliares. El abandono se cebó especialmente en los techos, que comenzaron a sufrir goteras y entrada en el interior de pájaros y palomas. En el colmo del disparate, y a pesar de estar catalogado el inmueble como obra de interés histórico-artístico por el Ayuntamiento de la ciudad en 1981 y como Monumento mediante expediente incoado el 1 de abril de 1985, publicado en el B.O.E. de 17 de abril de 1985, RENFE otorgó concesiones para implantar varios establecimientos comerciales en su interior, llegando a derribarse algunos tabiques. Por fortuna se consiguió evitar esto, si bien las Administraciones no han hecho nada por impedir su paulatino deterioro.

En algunas ocasiones el vestíbulo ha sido utilizado para exposiciones o conciertos, y la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Almería (Asafal) viene reclamando reiteradamente que se reparen sus desperfectos y se destine a museo o sede de actividades culturales, preferentemente relacionadas con el ferrocarril, minería o patrimonio industrial.

En medio de la controversia, las Administraciones ni siquiera se ponen de acuerdo sobre la cesión de la titularidad del edificio. El Ayuntamiento la ha reclamado con insistencia al Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF), pero este se muestra reacio ya que este es el gestor de la Intermodal, como mero concesionario del Ayuntamiento, pretendiendo reservarse la antigua estación para el caso de que no se le renovara dicha concesión.

Finalmente, en enero de 2007, ante la presión de distintos sectores ciudadanos, ADIF ha licitado el servicio de consultoría y asistencia para la redacción del proyecto de rehabilitación del edificio histórico de viajeros de Almería. Se trata de un proyecto que incluye las fachadas, andenes y marquesinas, cuyo estado al día de hoy es muy preocupante y sobre el que había que actuar urgentemente. El plazo de redacción del proyecto es de siete meses desde su adjudicación y cuenta con un importe máximo de contratación de 34.767,52 €.

Elementos relacionados

Como hemos señalado en otros apartados de la web, podríamos englobar en un mismo conjunto la Estación, el Cable Inglés y el Cable Francés, pero no deberíamos olvidarnos de otros elementos menores vinculados al ferrocarril, como la aguada de los talleres de la estación y, sobre todo, la grúa de polipasto (1899) que yace en un lamentable estado de achatarramiento en una explanada junto a la Intermodal, visible desde los andenes de esta.

Cable Inglés (Embarcadero de Alquife)

Se trata del monumento emblemático del Patrimonio Industrial en Almería, pese a lo cual ha estado en dos ocasiones cerca de haber sido derribado. Su imponente silueta centenaria ha dotado de personalidad al frente marítimo de la capital, y generaciones de almerienses no concebiríamos nuestra ciudad privada de su presencia, solemne y altiva.

Testimonio vivo de la historia minera compartida por las provincias de Granada y Almería, a sus indudables valores estéticos e interpretativos hay que añadir los arquitectónicos, pues su construcción supuso en su momento un hito de la ingeniería civil, y obra maestra de la Arquitectura del Hierro. En el Reino Unido lamentan amargamente hoy no haber conservado durante la década de los cincuenta del siglo XX otras construcciones similares.

Tema recurrente en nuestra provincia es su rehabilitación y puesta en valor. La maraña administrativa nos dice que hay un proyecto en curso, pero la interminable sucesión de promesas e ilusiones fallidas nos hacen ser, si cabe, más escépticos y reivindicativos. Como en Madrid la Puerta de Alcalá, ojalá el Cable Inglés siga durante más siglos “viendo pasar el tiempo”.

Historia

El 27 de abril de 1904, SM. el rey Don Alfonso XIII, inauguró el cargadero de mineral El Alquife, llamado popularmente “El Cable Inglés”. Se trata de un muelle o cargadero concebido  como medio de transporte, almacenaje y embarque del mineral procedente de las minas de hierro de Alquife (Granada) por vía marítima.

Fue construido por la compañía británica “The Alquife Mines and Railway Company” entre 1902 y 1904. El proyecto fue redactado por el ingeniero escocés John Ernest Harrison (Glasgow 1860-1947) y firmado por el ingeniero español Andrés Moche.

La presencia en la playa de las Almadrabillas de una rara variedad de crustáceos provocó que por primera vez en el mundo se utilizara la técnica de hormigón inyectado, al tener que descartar la madera. Mediante su construcción se consiguió agilizar y abaratar el proceso de embarque del mineral de hierro. Los trenes accedían a la parte superior, descargando por gravedad el mineral a unas gigantescas tolvas albergadas en el interior de la estructura metálica, con una altura de 17 metros y una longitud superior a los 100 metros. Esa gran capacidad permitía la continuidad de las labores de transporte con independencia de las circunstancias de la navegación, así como el atraque de buques de gran tonelaje.

El cargadero siguió utilizándose ininterrumpidamente hasta 1971, tras el cierre de la explotación minera de Alquife. El vecino cargadero de la Compañía Andaluza de Minas (el Cable Francés), que también canalizaba mineral de otra explotación contigua a la de Alquife Mines, siguió activo hasta 1996.

Localización

Está situado en plena playa de las Almadrabillas, justo entre el Puerto comercial y el deportivo, al final de la Rambla de Almería, en un enclave privilegiado. Junto a él, en tierra, se ha levantado el monumento a las víctimas almerienses de los campos de concentración nazis.

No podemos olvidarnos de que el conjunto del embarcadero no está formado únicamente por su estructura metálica, sino que también abarca los bellos arcos de piedra que le dan elevación a la vía desde la Estación del Ferrocarril, alternando con estilizados puentes metálicos.

El tránsito por su interior o por su tablero superior está rigurosamente prohibido, por razones de seguridad, si bien no es raro observar a pescadores que se adentran en busca de un sitio estratégico.

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Riesgos y protección

Gracias a que la empresa propietaria del cargadero, Agruminsa, no consiguió los fondos necesarios para su desmantelamiento en 1974, se evitó su irreparable pérdida. Sin embargo, a finales de la década de los noventa, una inexplicable campaña lanzada desde algunos medios se propuso eliminar lo que consideraban “un estorbo”. Por suerte, su protección en 1998 como Bien de Interés Cultural lo evitó. Lo que no pudo evitar es la desidia y la falta de interés en la rehabilitación y aseguramiento de la estructura.

Recientemente se ha convocado un concurso de ideas y proyecto básico de rehabilitación, al que se presentaron prestigiosos gabinetes de arquitectura. El proyecto ganador ha optado por un enfoque lo menos agresivo posible, dando prioridad a su interpretación y contextualización, ubicando en su interior una sala de exposiciones y una cafetería con mirador panorámico.

Esperemos que la adjudicación de las obras no se haga esperar más tiempo, y que por fin podamos disfrutar del monumento en toda su plenitud.