Salinas de Roquetas

No resulta habitual encontrar fenómenos de simbiosis entre la actividad industrial y la conservación del medio ambiente. Uno de estos raros casos es el de las salinas litorales. Sin embargo, la prevalencia en la actualidad de los factores conservacionistas ha marginado aspectos etnográficos, históricos o tecnológicos asociados a la actividad económica, que podrían complementar la interpretación y puesta en valor de recursos medioambientales. En pocos lugares como las Salinas de Cerrillos confluyen estas circunstancias. Ya nunca podrá ser en las vecinas Salinas de San Rafael, entre Roquetas y Aguadulce, devoradas por el crecimiento urbanístico.

Historia

Las Salinas de Roquetas están situadas en la zona costera de la gran llanura que se extiende al sur de la Sierra de Gádor, entre las dunas y los alcores (primitiva línea de la costa). Su origen es artificial, y posiblemente se remonte a los fenicios, en el primer milenio antes de Cristo, que pudieron haberlas construido sobre marismas. Hay que distinguir las salinas de los vecinos charcones de Punta Entinas, que son lagunas endorreicas salobres, de origen natural. Estas últimas se ubican en el término municipal de El Ejido, a poniente del faro del Sabinar.

A su vez, las Salinas de Roquetas eran en un primer momento tres: las Salinas Viejas y las de Cerrillos, a poniente del pueblo, y las de San Rafael, a levante.

al_28_01 al_28_02
Vista de Google
Earth de las Salinas de Cerrillos. Debajo se aprecia el Canal de las
Almejas, entre las Salinas y la playa. A la derecha, el campo de golf y
la urbanización Playa Serena II.
Las Salinas de San Rafael, ya
prácticamente desaparecidas. ünicamente en la parte
norte (bajo el parque acuático) son reconocibles las balsas,
conservándose aún los muros de piedras.

Después de los fenicios, muy posiblemente serían utilizadas por cartagineses y romanos para las numerosas instalaciones de salazón de pescado. Así, junto a las Salinas de San Rafael,  se situaba la ciudad romana de Turaniana. Se ha estudiado también por Lorenzo Cara Barrionuevo una fábrica de salazones romana en la zona de la Reserva (entre las Salinas de Cerrillos y el Puerto de Roquetas), que las sitúa en el antiguo camino de las salinas, que enlazaba con el tranto del Itinerario Antonino, compendido entre Adra y Urci, parte de la vía Cástulo-Malaca, lo que le permitía abastecerse cómodamente de sal.

Los primeros datos históricos que se tienen se remontan al siglo XI, utilizándose la sal para consumo directo, para salazones y para la alimentación en invierno del ganado trashumante. Tras la conquista cristiana el notable granadino Abul Qasim el Muleh pidió para su hijo Mahomed el beneficio de estas salinas, y en 1566 consta que fueron arrendadas al mercader converso Gaspar de Sevilla, con el compromiso de de hacer obras y acometer la construcción de una torre para defender a los trabajadores de los ataques de piratas berberiscos, según se recoge en el libro “Salinas de Andalucía”, de la Consejería de Medio Ambiente.

Durante el reinado de Felipe II se acometió un proceso legislativo en virtud del cual la explotación y venta de sales se constituían en un estanco de la Corona, administrado a través de la Real Renta de Salinas. Pese a ello, la explotación fue siempre muy intensa, apareciendo citadas las Salinas de Roquetas y Guardias Viejas por el naturalista Simón de Rojas Clemente, que las recorrió en 1805, y por Pascual Madoz, que les atribuía una producción de 80.000 fanegas (tomo XIII: 568), describiendo la explotación como unas pozas o charcos que se formaban con caballones de retama y barro, y se llenaban de agua llovediza en invierno, cuajándose a partir de abril hasta recogerse en julio, agosto y septiembre.

Con la Revolución de 1868, la Junta Provisional de Gobierno promulgó la Ley de Minas de 1869, que privatizó las salinas del Estado, liberalizando también la fabricación y comercialización de toda la sal del país. Las de Roquetas fueron subastadas en 1900 por el Estado y adquiridas por la familia Acosta, que en 1904 constituye la sociedad anónima Salinas de Almería, que también era titular de las de Cabo de Gata. Los nuevos propietarios invirtieron un millón y medio de pesetas en acondicionar las salinas de Roquetas, construyendo hacia 1906 un embarcadero en la Rada del Jabón, servido por vías férreas (Archivo General de la Administración, caja 1005, citado por Gómez y Coves en “Trenes, cables y minas de Almería”, que también aluden a la existencia de un proyecto de construcción de un ferrocarril de 8 kilómetros de longitud hasta el puerto de Roquetas, del que llegaron a efectuarse las expropiaciones y construido las obras de fábrica y explanación).

A principios del siglo XX todas las salinas de nuestro país se vieron sometidas a un fuerte proceso de monopolización por parte de Salinera Española, sociedad arrendataria de las salinas de Torrevieja (Alicante) y propietaria de las de San Pedro del Pinatar (Murcia) y de gran cantidad de pequeñas salinas de la Bahía de Cádiz. Para evitar la monopolización de la producción, los pequeños propietarios, entre los que se encontraban los de las Salinas de Roquetas y las de Cabo de Gata, se agruparon en la Unión Salinera de España S.A. (1925).

Un año antes (1924) se había proyectado la construcción de un curioso cable aéreo y su correspondiente nuevo cargadero, que se adentraría unos doscientos metros en el mar para permitir el embarque de la sal en buques de mayor calado. (Signatura 2265-3050, obrante en el Archivo Histórico Provincial de Almería). Se pretendía evitar el costoso sistema de carga mediante barcazas, de menor capacidad y sujeto a las inclemencias meteorológicas. De hecho, las salinas almerienses destacaban por su buena gestión, habiendo diversificado su producción a los bromuros y otros derivados de la sal.

De todos modos, fue a partir del primer cuarto del siglo XX cuando se agravó la aparición de hoyas en las balsas de evaporación, comunicadas subterráneamente con el mar, alterando los gradientes salinos del agua, e imposibilitando la cosecha de sal.
A mediados de siglo se unieron las Salinas Viejas y las de Cerrillos, pasando posteriormente ambas a ser meros depósitos de evaporación, que enviaban sus aguas ya concentradas a las balsas de cristalización de San Rafael.

En 1988 se dejó de bombear agua, aunque la actividad había cesado ya unos años antes. El motivo por el que se seguía aportando agua del mar fue a petición de la Consejería de Medio Ambiente, a fin de conservar un hábitat de gran valor ecológico por su avifauna.

Finalmente, las Salinas de Cerrillos y Salinas Viejas fueron incluidas, junto a los charcones de Punta Entinas, dentro del nuevo Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar, creado por la Ley 2/1989, de 18 de julio. Las Salinas de San Rafael no tuvieron la misma suerte, y actualmente tienen la consideración de suelo urbanizable. De hecho, la mitad de su extensión ha sido ya urbanizada. La ampliación del paseo marítimo y la regeneración de la playa destruyeron los escasos restos que quedaban del antiguo muelle de carga.

Régimen de aporte de las aguas

Cuando Unión Salinera dejó de bombear agua marina, la superficie de las salinas de Cerrillos se redujo entre un 50%, con la consiguiente pérdida de un hábitat excepcional. Las balsas que no se secaron vieron también reducida su profundidad, que antaño podía llegar a 1,75 metros. Si la desaparición no ha sido total se ha debido a que existen otros aportes de agua. Por un lado, las lagunas endorreicas se recargan por escorrentía superficial durante la época de lluvias. Por otro, existen filtraciones marinas. Por último, y lo más importante, a causa la recarga procedente del acuífero del Campo de Dalías, cuyo nivel se ha elevado tras la prohibición de seguir profundizando en el mismo.

Es por ello, también, que las fluctuaciones del nivel de agua entre el verano y el invierno no son tan acusadas como antes.

Visita

Para no deprimirnos, y terminar con buen sabor de boca, visitamos primero lo que queda de las Salinas de San Rafael, que ya casi no son otra cosa que un nuevo barrio de Roquetas. En pocos años la destrucción ha sido sistemática, y ya (2007) sólo resultan distinguibles las balsas situadas más a levante. Apenas quedan restos de los muros de piedra que las separaban. Muy pronto la urbanización habrá sido completa. La mejor panorámica se obtiene desde la Avenida Reino de España, que une Roquetas y Aguadulce por la costa, a la altura del Acuario y el Parque Acuático.

Curiosamente, a principios del siglo XX la existencia de las Salinas de San Rafael evitó la puesta en explotación de un inmenso criadero de turba (una especie de carbón en un estado primario de formación) que se encuentra justo debajo (Boletín Geológico y Minero, 1918). El descubrimiento fue fortuito, a muy escasa profundidad, al acometer trabajos de cimentación en las instalaciones de las salinas, y su extensión era (y sigue siendo) enorme. El hecho de que no fuera explotado en su momento, a pesar de las enormes posibilidades de uso industrial, nos indica que los beneficios de la explotación salinera debían ser más elevados que los que se pudieran obtener con la extracción del turbal.

En cuanto a las de Cerrillos, la reciente urbanización de Playa Serena II ha acabado con el último colchón de terreno que amortiguaba el impacto de la ciudad. Se recomienda partir del final del Paseo Marítimo, en bicicleta o a pie, pero protegidos de los mosquitos. La primera balsa que vemos es la mayor de todas, llamada de los flamencos. Las siguientes son menos profundas, y según la época del año pueden estar secas. Entre dunas y matorrales, dejamos atrás la torre de Cerrillos, construcción defensiva del siglo XVI en estado de ruina inminente, y llegamos hasta un edificio abandonado en una pequeña explanada. Un puente cruza aquí lo que parece una especie de riachuelo y que no es tal, sino el Canal de las Almejas, construido para llevar el agua del mar hasta las balsas de evaporación.

Distinguimos en la explanada lo que fue el almacén y adivinamos el emplazamiento del embarcadero. Remontando el canal, que a pesar de tener cortado la entrada a la playa contiene abundante agua embalsada, llegamos hasta la parte más interesante de nuestra visita. Se trata de las bombas de agua, su motor (diesel), y la noria que elevaba el agua hasta la balsa más alta. La caseta que albergaba las máquinas ha sido incomprensiblemente derribada, dejando a estas a merced de las inclemencias y del vandalismo. El estado es de completo abandono, pese a lo cual la maquinaria aún se conserva aceptablemente.

No nos imaginamos mejor forma de contribuir a la mejora del medio ambiente que rehabilitar este conjunto de bombeo y ponerlo en funcionamiento para recuperar las cerca de 300 hectáreas que se secaron al cesar la actividad salinera. De esta forma se podría contemplar in situ el funcionamiento de una salina tradicional, e interpretar el sentido de todo el sistema, y su acertada simbiosis entre el hombre y la naturaleza.

al_28_03 al_28_04
Motor y poleas de
las bombas elevadoras de las Salinas de Cerrillos
Antiguas Salinas de
San Rafael, a punto de ser arrasadas por la urbanización

Sin embargo, la actitud histórica de las Administraciones implicadas (Consejería de Medio Ambiente y Ayuntamiento de Roquetas) nos hace ser escépticos. Ni siquiera se han puesto de acuerdo después de tantos años desde la declaración de Paraje Natural para establecer senderos, rutas recomendadas, miradores, observatorios de aves, etcétera.

Valores naturales

Para los amantes de la naturaleza, Punta Entinas es un auténtico paraíso en medio de un agresivo entorno de urbanizaciones e invernaderos. Además de las interesantes formaciones de matorral, perfectamente adaptadas a la alta salinidad y la escasez de precipitaciones, lo más destacado son las aves limícolas y acuáticas que encuentran en el Paraje Natural un entorno ideal para anidar o simplemente para descansar en el curso de sus rutas migratorias, como la malvasía, cerceta pardilla, aguilucho lagunero occidental, chorlitejo, avoceta, flamencos, cormoranes y muchos más. A título de curiosidad también habita un pez, el pejerrey (Atherina boyeri), catalogado como especie vulnerable.

Anuncios