Cable Inglés (Embarcadero de Alquife)

Se trata del monumento emblemático del Patrimonio Industrial en Almería, pese a lo cual ha estado en dos ocasiones cerca de haber sido derribado. Su imponente silueta centenaria ha dotado de personalidad al frente marítimo de la capital, y generaciones de almerienses no concebiríamos nuestra ciudad privada de su presencia, solemne y altiva.

Testimonio vivo de la historia minera compartida por las provincias de Granada y Almería, a sus indudables valores estéticos e interpretativos hay que añadir los arquitectónicos, pues su construcción supuso en su momento un hito de la ingeniería civil, y obra maestra de la Arquitectura del Hierro. En el Reino Unido lamentan amargamente hoy no haber conservado durante la década de los cincuenta del siglo XX otras construcciones similares.

Tema recurrente en nuestra provincia es su rehabilitación y puesta en valor. La maraña administrativa nos dice que hay un proyecto en curso, pero la interminable sucesión de promesas e ilusiones fallidas nos hacen ser, si cabe, más escépticos y reivindicativos. Como en Madrid la Puerta de Alcalá, ojalá el Cable Inglés siga durante más siglos «viendo pasar el tiempo».

Historia

El 27 de abril de 1904, SM. el rey Don Alfonso XIII, inauguró el cargadero de mineral El Alquife, llamado popularmente «El Cable Inglés». Se trata de un muelle o cargadero concebido  como medio de transporte, almacenaje y embarque del mineral procedente de las minas de hierro de Alquife (Granada) por vía marítima.

Fue construido por la compañía británica «The Alquife Mines and Railway Company» entre 1902 y 1904. El proyecto fue redactado por el ingeniero escocés John Ernest Harrison (Glasgow 1860-1947) y firmado por el ingeniero español Andrés Moche.

La presencia en la playa de las Almadrabillas de una rara variedad de crustáceos provocó que por primera vez en el mundo se utilizara la técnica de hormigón inyectado, al tener que descartar la madera. Mediante su construcción se consiguió agilizar y abaratar el proceso de embarque del mineral de hierro. Los trenes accedían a la parte superior, descargando por gravedad el mineral a unas gigantescas tolvas albergadas en el interior de la estructura metálica, con una altura de 17 metros y una longitud superior a los 100 metros. Esa gran capacidad permitía la continuidad de las labores de transporte con independencia de las circunstancias de la navegación, así como el atraque de buques de gran tonelaje.

El cargadero siguió utilizándose ininterrumpidamente hasta 1971, tras el cierre de la explotación minera de Alquife. El vecino cargadero de la Compañía Andaluza de Minas (el Cable Francés), que también canalizaba mineral de otra explotación contigua a la de Alquife Mines, siguió activo hasta 1996.

Localización

Está situado en plena playa de las Almadrabillas, justo entre el Puerto comercial y el deportivo, al final de la Rambla de Almería, en un enclave privilegiado. Junto a él, en tierra, se ha levantado el monumento a las víctimas almerienses de los campos de concentración nazis.

No podemos olvidarnos de que el conjunto del embarcadero no está formado únicamente por su estructura metálica, sino que también abarca los bellos arcos de piedra que le dan elevación a la vía desde la Estación del Ferrocarril, alternando con estilizados puentes metálicos.

El tránsito por su interior o por su tablero superior está rigurosamente prohibido, por razones de seguridad, si bien no es raro observar a pescadores que se adentran en busca de un sitio estratégico.

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Riesgos y protección

Gracias a que la empresa propietaria del cargadero, Agruminsa, no consiguió los fondos necesarios para su desmantelamiento en 1974, se evitó su irreparable pérdida. Sin embargo, a finales de la década de los noventa, una inexplicable campaña lanzada desde algunos medios se propuso eliminar lo que consideraban «un estorbo». Por suerte, su protección en 1998 como Bien de Interés Cultural lo evitó. Lo que no pudo evitar es la desidia y la falta de interés en la rehabilitación y aseguramiento de la estructura.

Recientemente se ha convocado un concurso de ideas y proyecto básico de rehabilitación, al que se presentaron prestigiosos gabinetes de arquitectura. El proyecto ganador ha optado por un enfoque lo menos agresivo posible, dando prioridad a su interpretación y contextualización, ubicando en su interior una sala de exposiciones y una cafetería con mirador panorámico.

Esperemos que la adjudicación de las obras no se haga esperar más tiempo, y que por fin podamos disfrutar del monumento en toda su plenitud.

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