Fundición Fuente de Molina (El Calabrial, Felix, Almería)

En una vaguada cerca de las cumbres de la Sierra de Gádor, hemos tenido la oportunidad de identificar los restos de una antigua fundición de plomo, de la que no nos consta que haya sido estudiada, ni tan siquiera localizada con anterioridad.

Vista aérea Fundición Fuente de Molina.jpg

Durante la primera mitad del siglo XIX fueron numerosas las instalaciones metalúrgicas repartidas por todos los parajes de esta sierra, de mayor o menor porte, pero de gran parte de ellas se ignora su ubicación exacta, habida cuenta del tiempo transcurrido, y de lo precario de su construcción.

Sin embargo, lo que más nos ha llamado la atención en este caso particular, es la forma de la galería de condensación, con unas características que se alejan de la configuración típica de las fábricas contemporáneas, y cuyo fundamento no alcanzamos a interpretar.

El Calabrial es un paraje situado en el centro de la Sierra de Gádor, dentro del término municipal de Felix, a unos 1.500 metros de altitud, donde el terreno se suaviza antes del ascenso a las cumbres más altas. El Barranco de la Fuente de Molina divide al Calabrial en dirección norte a sur, encontrando en la vertiente oeste una serie de inmensas escombreras correspondientes a minas de plomo. Frente a ellas, al otro lado del barranco, es donde se encuentran los restos de la fundición.

Para identificar la Fundición hemos recurrido a las declaraciones de los empresarios fundidores de la Sierra de Gádor entre 1835-1841, recogidas por Miguel Ángel Pérez de Perceval en “Fundidores, Mineros y Comerciantes” (1984). En la tabla de la página 104 consta la existencia de una fundición en Felix denominada “Fuente de Molina”, a nombre de Laureano Llanos, que sólo se muestra activa entre 1837 y 1841. Entendemos que se trata de esta la fundición encontrada, pues las otras fundiciones imputadas a Felix tienen el nombre de otros parajes alejados del que nos ocupa.

Las primeras instalaciones de beneficio, tras la eclosión de la minería alpujarreña hacia 1820, fueron muy rudimentarias, los denominados “boliches”, repartidos por toda la sierra. Poco a poco estos fueron desplazados por verdaderas fundiciones, como la de San Andrés, en Adra, pero también otras en puntos del interior. Estas últimas proliferaron especialmente a partir de 1836, cuando los precios del plomo remontaron tras unos años de estancamiento. Sin embargo, su existencia fue efímera pues utilizaban combustible vegetal, principalmente esparto y leña de encinas, y este empezó a agotarse, por la sobreexplotación. Se decía que, al principio, las fundiciones se situaban allí donde había minas, mientras que al final del ciclo minero del plomo, se ubicaban allí donde quedaba leña. Finalmente, los únicos establecimientos que sobrevivieron fueron los cercanos a la costa, que se podían abastecer fácilmente de carbón.

Volviendo a nuestra Fábrica de la Fuente de Molina, cabría pensar en la relación entre la situación de esta y las minas ubicadas frente a la misma. No obstante, dos hechos nos hacen pensar que no es así. Por un lado, la magnitud de las labores de estas minas no se corresponden con lo exiguo de la escombrera de herruras de la fundición. Por otro lado, se ha conseguido identificar a tales minas como la San Miguel, Sorpresa, Casualidad y San José Segundo, registradas todas ellas en la segunda mitad del siglo XIX, un momento en el cual las viejas fundiciones del interior de la sierra ya hacía tiempo que habían dejado de funcionar.

Sí que existen otras minas cercanas, aunque más dispersas y con escombreras de menor porte, que podrían haber abastecido en su momento de mineral a la fábrica. De hecho, hemos identificado la existencia de algunos registros mineros simultáneos a la época de actividad metalúrgica en el paraje, alguno de los cuales efectuado precisamente por Laureano Llanos, el titular de la Fundición (mina “Pantomima”).

La figura de Llanos es muy sugerente, como paradigma del adinerado hombre de negocios y político almeriense del siglo XIX, mereciendo al menos una somera semblanza. Nacido en Berja en 1800, todo el devenir de su familia va a ir ligado al bando progresista. Su padre fue un afrancesado que, tras regresar del exilio en 1820, se enriqueció rápidamente con la minería de Gádor. De la turbulenta juventud de Laureano conocemos gracias a la vehemente carta que publica a sus expensas en el B.O.P. de Almería de 27/07/1836, dando cuenta de todos sus servicios en el Cuerpo de Artillería durante el Trienio Liberal (1820-1823), su posterior persecución durante la Década Ominosa, sufriendo encarcelamiento y varios intentos de asesinato y, finalmente, su amnistía y actuación en defensa de la nueva reina Isabel II. En los años 30 Laureano se va a hacer cargo de los negocios familiares, ejerciendo también como administrador de la empresa del arriendo del jabón en el Partido de Almería, (B.O.P. 07/10/1835) y Alcalde de Felix (B.O.P. 09/12/1835). En 1837 es nombrado diputado, precisamente la época en que conocemos la actividad de la Fundición Fuente de Molina.

En 1840 fue tiroteado, resultando herido de gravedad en un brazo (B.O.P. 24/04/1841), y en 1854 formó parte de la Junta Revolucionaria, junto con otros liberales ilustres como Francisco Jover y el mismísimo Ramón Orozco. Fallece en 1859.

Laureano de los Llanos.jpg

Centrándonos en los restos de la Fundición, podemos distinguir una serie de elementos bien diferenciados, todos ellos construidos con piedras calizas del lugar, no habiendo encontrado elementos cerámicos, como ladrillos refractarios.

En el extremo sur se encontraría un horno de pequeñas dimensiones, y del que no ha quedado nada que pudiera identificar su tipología. Alrededor de este se esparce una escombrera de herruras. Algunas de las escorias contienen nódulos de galena, lo que podría ser indicativo de un deficiente procedimiento de fundición.

Horno

Escombrera horruras

Del horno parte, en dirección norte, una galería de condensación doble. Este tipo de galerías eran muy comunes en las fundiciones de plomo y su misión era, además de alejar los humos tóxicos, provocar su rápido enfriamiento, quedando restos de plomo en el techo, que podían ser aprovechados posteriormente.

Doble galería

A mitad del trayecto de la doble galería, en su lado derecho, hemos localizado una especie de pequeño serpentín o laberinto que en un rincón tiene una pequeña bóveda. Lo más parecido a esta estructura que hemos podido identificar es la “parrilla” de la Fundición Fuente de Godoy (“El Camino de las Fundiciones Reales”, de Agustín Sánchez Hita), si bien la nuestra es de mucho menor tamaño que esta.

Galería y serpentín

Bóveda en Serpentín

Tras unos metros de recorrido paralelo, ganando altura, ambas galerías se separan describiendo una especie de bucle mediante el cual se acaban juntando. No hemos encontrado ningún otro caso similar, ni adivinamos el sentido que tenía esa configuración del circuito de humos, en lugar del tradicional de galería terminada en chimenea, con más o menos longitud y curvas. Desde la salida del horno, los humos ascenderían por una pendiente continua pero muy suave, desde los 1352 metros de altitud del horno, hasta los 1365 que hay en el extremo más alejado del bucle. En su conjunto, la doble galería cuenta con una longitud total de 442 metros (sin contar el “serpentín”)

Bucle

Cerca del horno, pero separadas de la galería y el horno, están las ruinas de un edificio auxiliar, del que aún se conserva una ventana. De planta rectangular, mide 28 metros de largo por 8 metros de ancho, y cuenta con varias divisiones interiores.

Edificio Anexo

Del tipo de fundiciones establecidas en el interior, a diferencia de las más avanzadas ubicadas en la costa, se conoce poco. En realidad, vendrían a tratarse de boliches de mayor tamaño y mejor construcción. El tipo de horno solía ser el llamado “del país” o reverbero, aunque también podían contar con hornos castellanos. Esperamos que este trabajo sirva para que alguien pueda aportar más datos que contribuyan al conocimiento más fidedigno de un más que interesante elemento del patrimonio minero almeriense.

 

Anuncios

El Cable Aéreo del Colativí a Casas Fuertes

El Cable Aéreo del Colativí a Casas Fuertes fue, en su momento, uno de los más largos de Europa, con sus más de 18 kilómetros. Fue construido por el conocido ingeniero afincado en Almería Carlos Bahlsen para la Sociedad Minera Cordobesa de Sierra Alhamilla, en 1904, para transportar el hierro de las minas situadas alrededor del pico Colativí, el más alto de Sierra Alhamilla.
Hace varios años tuvimos ocasión de recorrer, en una de las míticas excursiones de Asafal, la zona de la tolva de carga del cable, y la cabeza del plano inclinado que subía mineral desde la vertiente norte de la sierra.

20160410_111654

Mucho menos conocidas son las tres estaciones intermedias del cable, que de abajo hacia arriba serían Terrones, Las Viñicas y Las Mañicas. De hecho, no nos constaba la existencia de fotografías de las mismas, ni siquiera su localización.
Nuestro reto del pasado sábado día 23/04/2016 fue localizarlas y documentarlas lo mejor posible. Finalmente conseguimos acceder a todas ellas, en una ruta cuyo tramo final revistió gran dureza.
La estación de Terrones está junto la carretera, poco antes de llegar a Cuevas de los Úbedas. Albergaba la máquina de vapor, y es la que mejor se conserva, puesto que se sigue utilizando como refugio de ganado. Se distingue perfectamente la chimenea de dicha máquina. También hay tres grandes balsas, suponemos para almacenar el agua necesaria para su funcionamiento.

20160423_09494520160423_094736

La de Viñicas era, como la de Terrones, también de ángulo, y en este caso este giro está perfectamente delimitado por sendos muros que, prácticamente, es lo único que queda en pie. Es difícil encontrarla sin antes localizarla por fotografía aérea. En mitad de estos hay un gran pozo, abovedado, que suponemos pueda tratarse de una captación de agua.

20160423_104220


La última estación antes del inicio del Cable era las Mañicas, la más inaccesible. Situada a 917 metros de altitud, al norte de la cortijada de las Mañicas, se construyó pensando configurarla también como estación de carga del mineral de las minas adyacentes. Se llega a ella desde una bifurcación a la izquierda poco antes del Cortijo del Albaricoque, hoy casa rural regentada por unos franceses. La pendiente es muy exigente, y es obligado subir a pie.

20160423_123638


Entre la cortijada de las Mañicas y la estación del Cable encontramos un rumbo minero (designación nacional del término inglés “round buddle”), una especie de era circular para triturado y centrifugado rudimentario del mineral.

20160423_130718

También una muy interesante escombrera con minerales de cobre (crisocola, duftita, malaquita, conicalcita…).

Conicalcita y crisocola Crisocola Las Mañicas - 2 Crisocola Las Mañicas Malaquita y posible conicalcita Malaquitas y duftitas

Minas de hierro de Cuevas Negras (Bayarque y Bacares)

En la ladera norte de la Sierra de los Filabres, en un paraje de montaña de gran belleza, visitamos un antiguo complejo minero repleto de galerías perfectamente transitables, y que conserva algunos interesantes restos de patrimonio industrial, obteniendo también bonitas muestras de minerales.

La mina de hierro “Cuevas Negras” fue registrada en 1872, con el número 5.383, por Emilio Riancho Sánchez, y se encuentra situada en la vertiente derecha del valle del Río Bacares, entre los términos de Bayarque y Bacares.

A principios del siglo XX es adquirida, junto con las minas de las Menas, por la compañía belga Mines et Chemins de Fer de Bacares-Almería & Extensions, fundada por Su Alteza el Conde de Caserta. Sin embargo, al encontrarse algo aislada del resto de sus explotaciones, los belgas arrendaron Cuevas Negras a la sociedad holandesa Wm. H. Müller & Co.”, que para su servicio instaló un cable aéreo hasta las inmediaciones de la estación de Tíjola, del Great Southern of Spain Railway (Ferrocarril de Lorca a Baza y Águilas).

La forma de explotación del coto minero está perfectamente detallada en la obra magna Criaderos de Hierro de Almería y Granada, Tomo II, de Ricardo Guardiola y Alfonso de Sierra (1926), cuyo plano de labores se adjunta.

Plano Cuevas Negras

Para atacar las grandes masas de hematites se abrieron dos rozas a cielo abierto y dos series de galerías a dos niveles. Las superiores estaban conectadas con las inferiores para sacar el mineral. Un complejo entramado de planos inclinados y tolvas bajaba el mineral hasta la estación de carga del cable aéreo.

Entre 1903 y 1910, fecha del cese de la explotación se extrajo de la mina la enorme cantidad de 367.260,32 toneladas de mineral. Finalmente, el cable aéreo fue vendido a la Sociedad Grasset Hermanos, y un tramo del mismo desmontado y vuelto a colocar en el cercano coto minero de Gran Coloso.

Se puede acceder a la mina remontando el río Bacares desde el puente que lo cruza más arriba de Bayarque, pero resulta muy dificultoso por los zarzales y la gran vegetación que hay que atravesar. Es preferible dejar el coche más arriba, y tomar a pie un camino de tierra que, tras bajar hasta el río, vuelve a subir dejándonos en la misma explotación. De la antigua casa de la Compañía quedan únicamente unas pocas ruinas.Bordeando un corral de ganado, subimos por el primer plano inclinado, hasta llegar al primer nivel.

20151025_09533420151025_100155

 De las cuatro galerías que nos vamos a encontrar sucesivamente, únicamente la segunda presenta interés mineralógico, concretamente unas goethitas espectaculares.

Modified by CombineZP
Modified by CombineZP

En la primera, habita una nutrida colonia de murciélagos, a los que conviene no molestar. Las últimas, más al norte, son más cortas y no tienen nada reseñable.

20151025_101557

Subimos al nivel superior por el trazado de un gran plano inclinado, que en su momento estaba dotado de una doble vía. El peso de las vagonetas cargadas servía para subir las vagonetas vacías.

Una vez arriba nos encontramos en primer lugar con una gigantesca cantera a cielo abierto, en cuyo fondo hay una galería corta y sin minerales. La impresión que produce el enorme hueco es la de haberse producido por derrumbe de galerías inferiores. Desde los amigos de Armuña Geographic, nos apuntan que en estas minas hubo un derrumbe hacia 1915 ó 1916 que mató a unos 60 mineros que se encontraban allí trabajando. Sin embargo, en el estudio de Guardiola y Sierra no existe ninguna mención a ello. Por el contrario, señalan que la gran cantera no era de extracción de minerales, sino que “servía para el arranque de piedras para los rellenos de toda la mina”.

Sin embargo, el mayor atractivo de estas minas es fácil que nos pase desapercibido y, de hecho, eso es lo que estuvo a punto de sucedernos. Algo más a la derecha de la gran cantera, y oculta por un risco, se encuentra la bóveda que probablemente correspondiera a la denominada Cantera 1 ó 2. Estas fueron explotadas hasta que quedaron estériles. En realidad, se compone de dos cavidades, una mayor a la entrada, y otra menor descendiendo un nivel. De ambas parten varias galerías, de las que no hemos encontrado ningún mineral reseñable.

20151025_12073420151025_121049

20151025_123059

Creemos que la adecuación de senderos, señalización de los elementos y la instalación de paneles explicativos sería una gran idea para fomentar el turismo en un área que, de por sí, ya resulta atractiva, con el contraste entre la vegetación caduca de ribera y unos magníficos encinares al otro lado del barranco que hace de límite de la zona minera.

Las Minas del Palaín: El oro inadvertido de Carboneras.

Una de las peores pesadillas de un minero, casi tan angustiosa como sufrir un derrumbe, sería la de haber rozado, sin saberlo, las riquezas de la tierra, y haberlas dejado escapar.

Algo muy parecido a esto es lo que sucedió, en tres épocas muy distintas, muy cerca del pueblo de Carboneras, una “fiebre del oro” que nunca llegó a suceder. Sí son tangibles, y en algunos casos muy interesantes, algunos restos de patrimonio industrial, de los cuales, a pesar de la escasez de datos, vamos a intentar su interpretación.

El paraje del Palaín, muy cerca de la barriada de la Islica, linda con las primeras estribaciones de la Sierra Cabrera, y se configura como una serie de colinas abruptas y no muy elevadas, surcadas por barrancos sinuosos en la ribera norte del tramo final del río Alías.

Hacia 1870, al final del denominado “ciclo del plomo” de la minería almeriense, el Palaín va a recibir la atención de numerosos registradores de concesiones mineras, alguno de ellos perteneciente a la saga empresarial más destacada de la provincia, como es el caso de los Orozco.

De todas esas minas, nos vamos a centrar en la denominada “Prusia”, nombre escogido con gran oportunismo por el garruchero Juan Salvador Segura, en plena guerra franco-prusiana. De las 16 concesiones localizadas en el paraje, esta fue la única que pidió una “demasía”, es decir, incrementar su superficie en terrenos adyacentes, sin llegar al mínimo legal exigido para una nueva concesión. En un panorama de “minería de papel”, en la que muchas veces no llegaba a moverse una piedra, limitándose la actividad a ser meramente administrativa, esta circunstancia era indicativa de que la mina sí había comenzado a extraer minerales, y se consideraba necesaria su ampliación. Será esta mina el objeto de nuestra visita, y la que alberga los restos más importantes.

Otras minas de plomo del Palaín fueron Los Alumbres (también de Juan Salvador), Hallazgo, La Observación, Librero, Morata o El Apéndice (estas dos últimas, de Ramón Orozco Segura, hijo del gran empresario y político liberal veratense Ramón Orozco Gerez).
20151002_102218

No disponemos de más datos sobre esta época de minería del plomo, pero debió ser muy efímera, por cuanto ya a final de la década de los 70, los Orozco comienzan a registrar en la zona minas de hierro (Desesperado, Enero, Febrero, Abril…)

Sin embargo, va a ser a finales del siglo XIX y principios del XX cuando asistamos a la reactivación de la minería en el Palaín. En la propia Estadística Minera Metalúrgica de España de 1901 se hace referencia a la existencia de diversos estudios de varias empresas en los criaderos de Carboneras. En pleno apogeo del “ciclo del hierro”, las antiguas concesiones plomizas del Palaín van a ser borradas por el impulso de los nuevos registros férricos. Y van a ser, de nuevo, grandes grupos familiares de empresarios los que aparezcan al socaire de la creciente actividad. Casi simultáneamente, los Herederos del industrial malagueño Guillermo Huelin por un lado, y la familia vizcaína Echevarrieta por otro, se van a lanzar a registrar numerosas minas en el término municipal de Carboneras, a través de sus agentes locales Juan José Clemente y Tomás Gangoiti, respectivamente. Muy pronto, los Huelin se van a apartar de la carrera, cediendo a los Echevarrieta el registro (entonces en plena tramitación) de la mina Rafael. Y, precisamente, esta mina va a coincidir casi exactamente con el lugar ocupado por la caducada mina Prusia (30 pertenencias mineras, de 100×100 metros, frente a las 24 pertenencias de la antigua). De hecho, el punto de referencia utilizado para fijar los límites de la mina Rafael va a ser “el cortijo derruido de la antigua mina Prusia”.

Cosme Echevarrieta Lascuráin fue el iniciador de la gran saga familiar vasca. Enriquecido, junto a su socio Larrínaga, con la explotación de minas de hierro en Vizcaya, su política era la de reinvertir sus beneficios en otras minas situadas en cotos más inexplorados, usando para ello una red de ingenieros y apoderados muy cualificados, que estudiaban las posibilidades de las distintas alternativas de inversión (DÍEZ MORLÁN, PABLO: Capital minero e industrialización. El grupo empresarial vizcaino “Echevarrieta y Larrinaga”,1882-1916) De entre todas estas inversiones, las que aportaron gran rentabilidad al grupo fueron las del Coto Fortuna, en Murcia, y las Minas de Ojos Negros, en Sierra Menera (Teruel), que precisamente acabaron siendo alquiladas al grupo de José Ramón de la Sota, el propietario de la Compañía Minera de Sierra Alhamilla, que a través del embarcadero de Aguamarga daba salida desde 1896 a los minerales de hierro extraídos de Lucainena de las Torres.

Las pretensiones de Echevarrieta en el Palaín debieron ser enormes, como se desprende del registro de la mina Bilbao, que ocupaba la desorbitada cantidad de 500 pertenencias mineras, además del registro Rafael (nº 24.500) y del homónimo Rafael (nº 24.462), el traspasado por los Huelin. También en Carboneras, pero en el paraje de Guijarralillo, era propietario de las minas Vizcaya y Nuevo San Andrés.

20151006_100729

El único dato que ha sido posible localizar sobre esta época, y de una forma bastante azarosa, es la referencia aparecida en el diario “Las Provincias de Levante”, de Murcia, del 20 de junio de 1902, que señala textualmente que “en la mina que explotan en el Palaín, término de Carboneras, los Sres. Echevarrieta y Compañía, de Bilbao, se ha cortado a los 100 metros de profundidad, otro nuevo e importante filón de piritas, blendas y galena”. Esta referencia alude, muy probablemente, al pozo que se haya en lo alto de la colina de la Mina Rafael, pues su diámetro es de unos 3 metros, y sus paredes están revestidas cuidadosamente de piedra, lo que es sintomático de su gran importancia.

Sobre el papel, deducimos que la inversión debió ser ruinosa, en vista de la ausencia casi exclusiva de referencias en todas las fuentes consultadas. En particular, apoyamos esta afirmación en el hecho de que ninguna de las minas de Echevarrieta (tampoco del resto de las del Palaín) aparece en las declaraciones trimestrales a efectos del pago del impuesto sobre productos mineros, y cuya publicación en el Boletín Oficial de la Provincia fue obligatoria entre 1880 y 1910. Sí aparecían otras minas de Carboneras, las ubicadas en la Serrata, que movieron grandes cantidades de mineral de hierro, como fueron Restauración, Venganza, Vulcano y, sobre todo, Leovigildo en el Cable.

En 1902 fallece Cosme Echevarrieta, heredando sus propiedades sus dos únicos hijos, Segundo Horacio y Amalia Echevarrieta Maruri. Una década después, los Echevarrieta volvían a estar presentes en las minas almerienses, mediante la sociedad Echevarrieta y Campbell, que explotó las minas de Beires.

Hacia los años 30 del siglo XX, el colapso de la minería almeriense es ya casi total, y habrá que esperar a mediados de los años 50 para asistir a los numerosos, pero insuficientes, esfuerzos por revitalizar el sector. Uno de estos proyectos tiene lugar en 1957 en el Palaín, cuando el abogado lorquino Rafael Cachá Espinar solicita el Permiso de Investigación número 39.240, “Mari Loli”, para mineral de hierro. La superficie es aún mayor que la de la antigua concesión “Bilbao” (1000 pertenencias”), pero en esta época este hecho no es tan significativo, pues con la figura del “Permiso de Investigación” el canon a pagar a la Administración era sustancialmente menor que en caso de la concesión definitiva, por lo que no era en modo alguno inusual una extensión semejante que, de hecho, incluye también los parajes Collado Blanco, la Molata y la Islica.

20151007_101229

Como hecho relevante, que refuerza la centralidad en la minería del Palaín del solar de las minas Prusia y Rafael, se va a tomar como punto de partida, de nuevo un punto apenas a 90 metros “de las ruinas del Cortijo que fue de la antigua mina Prusia”.

La Memoria Técnica del proyecto no aporta grandes novedades, señalando que “a finales del siglo XIX se hicieron trabajos para la búsqueda de mineral de hierro, con auge de la industria siderúrgica pero, debido a que el transporte de los minerales era el problema más difícil a resolver, decayó el interés de explotación”.

Como primera parte de la investigación, se pretendía reconocer el interior de las antiguas labores de las minas Rafael, Mi Capricho y otras, para posteriormente explotarlas racionalmente, con un presupuesto de 50.000 pesetas.

El Permiso de Investigación nunca llegó a la fase de Concesión, y en diciembre de 1960 la Administración declara su caducidad.

En definitiva, hemos recorrido casi un siglo de historia minera de la comarca, y en ningún momento aparece alusión alguna a la presencia de oro. La comarca de Rodalquilar, muy próxima, ha sido estudiada con profusión, y a lo largo del siglo XX han sido numerosos los análisis facultativos y mineralógicos. La primera referencia bibliográfica que se ha encontrado en la que se habla del metal precioso es el nº 109-5 del Boletín Geológico y Minero, de 1998. CASTROVIEJO cataloga el indicio del Palaí (sic) entre los del tipo de “formaciones de skarn con sulfuros”. Mineralógicamente se trataría de un tipo diferente al oro de Rodalquilar, y más semejante a algunos yacimientos de Asturias, los Pirineos o Badajoz (la mina de Cala, que producía oro comercialmente, como subproducto del hierro).

Figura 2 - Castroviejo - Indicios Au

Muy poco después, en 1999, nos encontramos con el primer estudio monográfico dedicado al yacimiento de Palaín, de CARRILLO-ROSÚA y otros (“Mineralogía y texturas del depósito aurífero de Palai”, en el nº 22 del Boletín de la Sociedad Española de Mineralogía). En el mismo atribuyen al depósito el carácter epitermal, asociado a diferencias bruscas de salinidad en fluidos subterráneos a temperaturas entre 250 y 300ºC en las inmediaciones de la importante falla de Carboneras. Atribuye importancia económica a las piritas, el mineral predominante, al oro, que aparece como nativo o en aleaciones con plata, y a esta última, si bien con menor importancia. Los mismos autores, desde la Universidad de Granada, van a publicar sucesivos estudios mineralógicos del yacimiento en 2001, 2002, 2003 y 2007.

Tenemos constancia, igualmente, del interés desplegado por la Universidad de Tübingen (Alemania) por el posible aprovechamiento económico del oro del Palaín, en el marco de un programa de investigación de recursos patrocinado por la Unión Europea, según referencia del estudioso Ebo Hellermann.

Por último, y para añadir un toque pintoresco a la historia (ignoramos si habrá sucesivos capítulos de la misma), en el momento de escribir estas líneas la mina se encuentra a la venta de quien quiera comprarla, por 200.000 euros (negociables). En el portal de Internet milanuncios.com se anuncia como “finca de 14 Has. con reserva de oro en el subsuelo, 340.000 Toneladas, a 1,94 ppm de oro recuperable, se aportan informes”.

Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿llegaron a conocer los mineros antiguos la existencia del oro? En tal caso, ¿calcularon que no sería rentable su explotación?. Probablemente, nunca habrá forma de saberlo, aunque quizás no esté de más dar unas pinceladas de cuál fue el proceso que hizo que la minería del oro sí cuajara en Rodalquilar, muy cerca de Carboneras.

Siguiendo a SÁNCHEZ PICÓN (La quimera del oro. Visionarios locales, negocio privado e inversión pública en unas minas del sureste de España. Rodalquilar, 1883-1966), “la constatación de que en la sierra del Cabo de Gata en Almería existía oro suficiente para acometer una explotación industrial de los criaderos de cuarzo que lo albergaban, fue un proceso largo que se extendió entre las décadas de 1880 y 1920, tras algunos años de laboreo de los minerales de plomo. Esa larguísima etapa de titubeos se concretó en más de cuarenta años de pruebas, ensayos y proyectos con los que algunos visionarios trataban de romper el muro de escepticismo que rodeaba con frecuencia a las noticias del oro de Cabo de Gata”.

Cuando Sánchez Picón habla de visionarios se refiere en primer lugar a Juan López Soler, capataz de minas formado en Escuela de Capataces de Minas y Maestros de Fundición de la provincia de Almería que empezó a funcionar en Vera en 1890.

En 1897 un tío materno de Juan López Soler, Diego Soler Torres, se haría cargo del arrendamiento de la mina Las Niñas, (…) y donde se habían detectado desde la década de 1880 las primeras trazas de la existencia de oro”. Oficialmente, la existencia de oro en Rodalquilar no fue confirmada por el Instituto Geológico hasta 1924, pero se pensaba que su explotación no sería económicamente rentable. El cuarzo aurífero se vendía como fundente a la fábrica Santa Elisa de Mazarrón. Más tarde, se hizo cargo de la Mina María Josefa, embarcándose por su cuenta en la aventura de la metalurgia, abriendo paso a los proyectos más ambiciosos que vendrían después.

Puede que en Carboneras faltara un Juan López Soler, o que entonces no se contaran con los medios técnicos para detectar la presencia del precioso metal. En cualquier caso, aquí nunca pudo llegarse ni siquiera a la quimera del oro.

Tras el recorrido por la Historia, nos centramos en la visita a los restos de patrimonio industrial, absolutamente recomendable y de muy fácil acceso. Se recomienda dejar el vehículo en la Islica, cerca del cauce del río Alías. Remontando este unos 170 metros hacia el interior, a la derecha tomamos un pequeño carril de tierra que en apenas 500 metros nos deja en el complejo minero Prusia/Rafael. Conforme vamos por ese camino, paralelo a una pequeña rambla, nos asombra la sorprendente similitud del paisaje con el del Cerro del Cinto, el epicentro de la última minería de Rodalquilar.

20151004_110726 20151004_110837

Llegados a las instalaciones, nos recibe un intenso olor a azufre, mientras caminamos por una explanada donde literalmente vamos pisando gruesos granos de piritas. Estas son aún más abundantes en las escombreras grises. En lo más alto de la colina, está la boca del pozo, bien cercado, y de imponente aspecto.

20151004_110804

Además de las ruinas de un edificio (previsiblemente, el cortijo de la vieja mina Prusia), es inconfundible una gran balsa, y a un nivel inferior a esta, dos “piscinas” con un entramado de canales. Sin duda, se trata de un lavadero de piritas. Lo sorprendente es que las piscinas son cuadradas, y los lavaderos de piritas de otras zonas mineras eran circulares en esa época, hasta la aparición posterior de los de flotación diferencial, para remover la pasta triturada con una pala giratoria (los denominados “rumbos”).

Al otro lado del complejo, vertiendo a otra rambla, econtramos más escombreras y una galería de unos 15 metros, con bonitas paredes de cuarzo blanco. Los yesos son también muy abundantes.

20151004_110440 20151004_110538 20151004_110554 20151004_110722

Al noreste del complejo hay otro pozo, de igual factura que el primero, pero aparentemente de menor profundidad, del que en la actualidad se extrae agua (muy posiblemente, un yacimiento hidrotermal).

Fotos de algunos de los minerales encontrados:

2015-10-06_19-22-41 M=B R=8 S=4 (1) Pirita Burdeos Pirita plateada

La cercanía al núcleo urbano de una localidad tan turística como Carboneras, y los valores históricos y paisajísticos del paraje, reclaman a gritos que las Administraciones competentes muestren interés por preservar, investigar y difundir el Patrimonio Industrial del Palaín y su fallida “fiebre del oro”.

La primera electrificación de F.C. de vía ancha en España

Un hito en la Historia del Ferrocarril español

Haciendo honor a su carácter de tierra de contrastes, Almería iba a ser testigo en la primera década del siglo XX de la coexistencia de un servicio ferroviario precario y frustrante para la sociedad del momento, con la implantación de un adelanto tecnológico de primera magnitud. ¿Cómo es posible que a la compañía que peor servicio prestaba y mayores pérdidas acumulaba correspondiera el honor de construir el primer tramo electrificado en vía ancha de toda España, y uno de los primeros de Europa?

Remontándonos a sus orígenes, la línea férrea Linares-Almería conectó a esta última ciudad con la red ferroviaria española en 1898, contribuyendo a romper su secular aislamiento. El momento era ya muy tardío respecto a otras líneas, y las vicisitudes de su adjudicación y construcción fueron enormes. La empresa concesionaria fue finalmente la Compañía de los Ferrocarriles del Sur de España, bajo el impulso del banquero catalán Don Ivo Bosch.

Dadas las perspectivas deficitarias, el Estado mantuvo la misma subvención total a pesar de que el proyecto definitivo había acortado sensiblemente el número de kilómetros. El trazado elegido buscó el recorrido más corto entre ambas ciudades, con una vocación eminentemente minera, y el objetivo de dar salida a los plomos de Linares compitiendo con el puerto de Málaga, donde operaba la compañía M.Z.A. Sin embargo, este ahorro inicial condicionaría desde ese momento (y hasta la actualidad) la viabilidad económica y las condiciones de explotación de la línea. De un lado, se despreciaban comarcas pobladas y con posibilidades de generar tráficos variados de pasajeros y mercancías. De otro, las fuertes pendientes y cerradas curvas incrementaban exponencialmente los consumos de carbón y los gastos de conservación y mantenimiento.

La respuesta a la pregunta inicial hay que buscarla en la grave situación de crisis de explotación que provocaba la espectacular rampa de 22 kilómetros entre Santa Fe y Gérgal, con pendientes de hasta 27,5 milésimas, las más elevadas de toda la red ferrovaria española. Además de dispararse el consumo de carbón, se constituía en un insalvable cuello de botella, ya que la velocidad de los trenes no pasaba de los 12 kilómetros por hora, reduciéndose la capacidad de carga.

Siguiendo a Constanza Navarro de Oña (“El Ferrocarril de Linares a Almería. 1870-1934”), a la Compañía del Sur se le planteaban 3 alternativas:
a) Crear nuevas estaciones de cruce entre Santa Fe y Fuente Santa, y entre Fuente Santa y Gérgal.
b) Establecer una doble vía entre Santa Fe y Gérgal, lo que sería inasumible por su elevado coste.
c) Electrificar ese tramo, incrementando la velocidad y permitiendo el incremento de la carga por tren y el número de trenes.

En un primer momento se optó por la última solución. Más tarde, además, se intercalarían nuevas estaciones para favorecer los cruces (Las Manchegas y Cerro Saltador). Del carácter absolutamente innovador del proyecto nos da una idea de que el mismo año en que se ponía en servicio (1911) la Revista de Obras Públicas recogía una memoria de George Westinghouse, en la que “creía llegado el momento oportuno para elegir este sistema, sustituyendo a la tracción de vapor”.

El proyecto de electrificación contemplaba el empleo de corriente trifásica de 6000 voltios a 25 hercios, transmitida a la línea por medio de dos cables suspendidos y los carriles como tercer conductor. La tracción correspondería a 7 pequeños tractores construidos por Brown Bovery et Cie en la parte eléctrica y Ateliers en la mecánica. En cada tractor iba montado un transformador de 300 kw. de potencia unihoraria y dos motores con potencia de 160 cv. en marcha normal y 440 en marcha forzada. Los únicos regímenes de velocidad posibles eran de 12,5 y 25 km.h, independientemente de la carga o la pendiente, por lo que no eran aptos para los trenes de viajeros.

La tracción funcionaba con aprovechamiento de la energía devuelta a la línea por los trenes descendentes, cargados con 450 toneladas de mineral, que a su vez se utilizaba en los ascendentes, vacíos, con un peso de 150 toneladas. El cruce se realizaba en la estación intermedia de Fuente Santa, circulando ambos por el tramo electrificado a 25 kilómetros por hora.

La energía eléctrica era generada en una central que se construyó en la margen izquierda del río Andarax, a 800 metros de la estación de Santa Fe, y en un nivel inferior. En 1908 Sur construyó un plano inclinado y un ferrocarril de 800 metros por el lecho del río para acarrear los materiales destinados a la central (Gaceta Minera de Almería, 25 de enero de 1908, citada por Coves y Gómez, en “Trenes, cables y minas de Almería”). Construida también por Brown Boveri, consistía en máquina de vapor fija que movía alternador, el cual producía corriente trifásica. Dos grandes calderas, los depósitos de agua, un cuadro de mando y una chimenea completaban las instalaciones. El cuadro de control contaba con todos los instrumentos de medida y seguridad necesarios y un interruptor de alta tensión.

El inicio de la tracción eléctrica tuvo lugar en 1911. El 2 de febrero se pone en marcha la central de Santa Fe, y dos días después comienzan las pruebas de tensión. La Crónica Meridional anuncia el 21 de abril de 1911 el inicio de la circulación en pruebas de los tractores, consiguiendo ya doblar la velocidad de las locomotoras de vapor. El servicio de regular de los trenes de mineral comienza en junio.

Tenemos la suerte de contar con un testimonio gráfico de carácter excepcional de la puesta en marcha de la electrificación. La Familia Paniagua dispone de una serie de fotografías realizadas por un antepasado suyo, ingeniero militar de ferrocarriles, tanto de la central eléctrica como de los tractores, que han sido convenientemente digitalizadas y que van a pasar al fondo documental de la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

al_27_01

al_27_02

al_27_03

al_27_04

Como sucede en tantas ocasiones, el único resto que nos ha quedado de la Central es la chimenea. En el lugar que ocupaba se sitúa hoy la piscina municipal de Santa Fe de Mondújar, a la que se accede remontando el río desde el pueblo hacia el norte por una pequeña carretera, a unos 400 metros.

al_27_05

A partir de 1918 se prolonga electrificación hasta Gádor por un lado y Nacimiento por otro.

Algunas incógnitas

No está claro hasta qué momento siguió utilizándose la Central Eléctrica. Coves y Gómez afirman que en 1930 se instala en la misma un nuevo grupo generador diesel, quedando en desuso el de vapor, y atravesando problemas durante la guerra por la escasez de gasoil. De ahí, estos autores dan el salto a 1953, cuando Renfe instala en la estación de Santa Fe un grupo convertidor de frecuencia capaz de utilizar energía procedente de cualquier compañía suministradora, pasando a utilizar la que generada por la Compañía Hidroeléctrica del Chorro, y le era suministrada a través de la subestación de Los Millares. Sin embargo, esta cronología no parece encajar con los hechos. La subestación está rotulada con FMVL (Fuerzas Motrices Valle de Lecrín), compañía que fue absorbida por el Chorro después de la Guerra Civil, lo que demuestra su utilización durante los años treinta. Sin embargo, todos los datos disponibles apuntan a que FMVL suministró la energía a la rampa de Gérgal casi desde el principio de su creación, en 1924. La electricidad de 60.000 voltios llegaba a esta subestación desde Dúrcal por una línea de transporte de 103 kilómetros. Desde ella, se enviaba a 25.000 voltios por otra línea de 19 kilómetros hasta dos nuevas subestaciones, Chirichi y Mezquita, que volvían a transformar la electricidad a 6.000 voltios hasta consumidores finales de Benahadux/Pechina/Rioja y Almería/Huércal/Viator respectivamente. Sin embargo, Gádor y Santa Fe de Mondújar estaban servidos directamente desde la primera subestación, por lo que cabe la posibilidad (más aún suponiendo que el emplazamiento de esta no fuera nada casual) que también sirviera al ferrocarril.

En ese año la Revista de Obras Públicas recoge la inauguración, en los últimos días de 1923, del Salto de Dúrcal, el segundo de mayor altura de España, con 758 metros de caída. Contaba con dos grupos de turbinas y alternadores, con una potencia de 1740 kva cada uno, a una tensión de 3000 voltios. En el artículo se indica que la energía producida era transformada para el trasporte a mayores tensiones por dos grupos de transformadores, unos a 25.000 voltios, para la red de tranvías de Granada, y otro a 60.000 voltios para conducirla a Almería, “donde será utilizada en todos los usos”. Precisamente FMVL había sido constituida en 1921 para poner en explotación dicho salto. Según Gregorio Núñez y Mª Ángeles Castellano, en la nota a pie de página nº 11 de su apasionante trabajo “Canalejas, 3; un grupo industrial andaluz en el corazón de la City madrileña. Aproximación marginal a la historia de las empresas de los años veinte”, (2001) la sociedad se creó ya con la intención de suministrar electricidad a los tranvías de Granada “y al ferrocarril Linares-Almería en la rampa de Gérgal”, tendiendo una línea de transporte entre Dúrcal y Santa Fe de Mondújar a 60.000 voltios de 103 kilómetros a lo largo de la vertiente meridional de Sierra Nevada.

El grupo empresarial, verdadero embrión de lo que pudo haber sido un potente desarrollo industrial en Andalucía Oriental, aprovechó esta instalación como cabeza de puente para su implantación a gran escala en la provincia de Almería. Así, con la adquisición de las compañías Lebon e Hidroeléctrica Accitana, y de la central de Ohanes, FMVL llegó a ser la cuarta compañía eléctrica andaluza, sólo detras de Sevillana, Megemor y la Hidroeléctrica del Chorro.

al_27_07 al_27_08 al_27_09

Una catástrofe olvidada

La fatalidad hizo en una ocasión que ese corto tramo electrificado fuera el escenario de una de las mayores catástrofes ferroviarias de la historia de España. Para El Ferro-Carril Digital elaboré un trabajo de investigación sobre el accidente de Las Alcubillas, desvelando datos y testimonios inéditos y planteando nuevos interrogantes

al_27_06
Las necesarias modernizaciones

Con la intención de mejorar las prestaciones de los trenes de viajeros, a finales de los cincuenta Renfe quiso prolongar la  electrificación hasta Almería, encargando a la casa suiza Sécheron 4 locomotoras, que conservando el régimen de funcionamiento de los tractores, pudieran doblar sus velocidades. Los resultados de las pruebas en 1963 fueron catastróficos, y hubo de recurrir a piezas de los viejos tractores. Al igual que aquellos, las Sécheron cesaron su actividad en 1966, con la “dieselización” de la línea.

El tractor nº 3 se conserva en el Museo Ferroviario, en la madrileña Estación de las Delicias. No corrieron la misma suerte las Sécheron. El único ejemplar superviviente a mediados de los noventa, custodiado en el Museo, fue inexplicablemente desguazado por orden de su director.

al_27_10

ATLAS DE PATRIMONIO INDUSTRIAL EN ANDALUCÍA ORIENTAL

Ya en los años ochenta, RENFE se plantea volver a electrificar con corriente continua el tramo completo entre las Minas del Marquesado y la estación de Almería. Las obras se retrasan y las pruebas no comienzan hasta el 11 de mayo de 1989, ya con la variante entre Doña María y Gérgal construída, evitando la rampa de Nacimiento, que obligaba a las cuádruples tracciones de las 1300 Alco. Se utilizaron locomotoras japonesas Mitsubishi 269 y 289, de gran potencia.

La isla eléctrica

En octubre de 1996 circuló el último tren de mineral desde las minas de Alquife, cuya actividad quedó paralizada. Entre Huéneja-Dólar y Almería una catenaria fantasma, aún con corriente eléctrica, ve pasar bajo ella lentos e ineficaces trenes diesel con trayectos de duraciones interminables. Y todo porque desde entonces ninguna Administración ha acometido la imprescindible electrificación hasta Linares.

Fundición de El Tartel – Vícar (Almería)

En el Barranco del Tartel, encontramos los restos de una de las fundiciones de plomo que tanto abundaron en la Sierra de Gádor.

Aunque Lorenzo Cara Barrionuevo sitúa este paraje en su obra “Notas para el estudio de la minería almeriense anterior al siglo XIX” como uno de los de más antigua explotación, con restos romanos muy próximos, no hemos encontrado referencias a la misma.

Se accede desde la carretera del Canal de Benínar, que discurre paralela a la A-7, a la altura de la Ciudad del Transporte, girando a la derecha cuando vemos unas pitas. Pasamos bajo el Peñón de Bernal (escenario del rodaje de la película Conan el Bárbaro, y subimos por el carril en buen estado hasta llegar a las ruinas.

Lo único que queda en pie son los muros de un edificio de respetable altura, algunas canalizaciones de agua y unas estructuras que parecen las bocas de galerías de humos. También, en la parte que está por encima del camino, hay muros de contención que parecen formar terrazas.

20150819_202839

 

20150819_202626

20150828_193714 20150828_194117

Por la tipología de lo que parecen ser hornos y galerías y los materiales utilizados, diríamos que se trata de una fundición de la época del auge de la minería del plomo, posterior a la liberalización de 1825.

Cabría pensar que la ubicación de la fundición obedece a la existencia de minas en las inmediaciones. Sin embargo, únicamente hemos localizado dos escombreras cerca de la misma, aguas abajo de la rambla.

Mucho más abajo, y entendemos que sin relación con esta fundición, se encontraba la mina San Andrés, de cobre, de la que se ha borrado la entrada con los trabajos de reforestación.

Si seguimos remontando el camino, llegamos a la Fuente del Tartel.

20150819_200031

 

Mapa de situación:


 

 

Mina La Amistad – Felix (Almería)

Mina de plomo situada en el Barranco Jitar o del Zarzalejo de Felix, en la Sierra de Gádor (Almería).

Solicitado el Permiso de Investigación por Manuel Góngora Garbín en 1953, pasando posteriormente a la fase de Concesión de Explotación. Se partía de la existencia de una labor antigua, de pocos metros. Se limpió esta de escombros, y se prolongó la galería, siguiendo un manto de galena.

20150824_104107 20150824_104244

Si bien en el proyecto de labores se pretendía extender la explotación con otras galerías perpendiculares a la principal, en nuestra visita únicamente encontramos la galería, de unos 70 metros de longitud. Al final, giraba a la derecha, descendiendo.

DSCF5880

DSCF5895

La extracción del mineral debió ser muy complicada, por lo abrupto del barranco en el que se encuentra la mina. Hay una pequeña tolva, y unos pilotes de hormigón que podrían ser el soporte de algún cable aéreo, porque no hay camino de acceso alguno a la mina.

20150918_110353

A un nivel algo superior a la galería se encuentra una pequeña balsa, sin duda para el lavado del mineral.

20150918_125423

En la escombrera, y en una de las calicatas adyacentes a la galería, encontramos algo de galena (muy poco), unas muestras minúsculas de fluorita cristalizada, algo más de fluorita masiva, calcita y ankerita. Dentro de la galería, un murciélago, un reptil dentro de una grieta, que podría ser un camaleón, y un grillo cavernícola.

Fluorita 1 Fluorita 2 Fluorita 3

Enlace al foro Mulhacén, con una entrada de José Francisco Castro Medina sobre la excursión:

http://gr-mulhacen.foroactivo.com/t1368-mina-la-amistad-barranco-jitar-felix-almeria-andalucia-espana

Localización en Google Maps.