Las Minas del Palaín: El oro inadvertido de Carboneras.

Una de las peores pesadillas de un minero, casi tan angustiosa como sufrir un derrumbe, sería la de haber rozado, sin saberlo, las riquezas de la tierra, y haberlas dejado escapar.

Algo muy parecido a esto es lo que sucedió, en tres épocas muy distintas, muy cerca del pueblo de Carboneras, una “fiebre del oro” que nunca llegó a suceder. Sí son tangibles, y en algunos casos muy interesantes, algunos restos de patrimonio industrial, de los cuales, a pesar de la escasez de datos, vamos a intentar su interpretación.

El paraje del Palaín, muy cerca de la barriada de la Islica, linda con las primeras estribaciones de la Sierra Cabrera, y se configura como una serie de colinas abruptas y no muy elevadas, surcadas por barrancos sinuosos en la ribera norte del tramo final del río Alías.

Hacia 1870, al final del denominado “ciclo del plomo” de la minería almeriense, el Palaín va a recibir la atención de numerosos registradores de concesiones mineras, alguno de ellos perteneciente a la saga empresarial más destacada de la provincia, como es el caso de los Orozco.

De todas esas minas, nos vamos a centrar en la denominada “Prusia”, nombre escogido con gran oportunismo por el garruchero Juan Salvador Segura, en plena guerra franco-prusiana. De las 16 concesiones localizadas en el paraje, esta fue la única que pidió una “demasía”, es decir, incrementar su superficie en terrenos adyacentes, sin llegar al mínimo legal exigido para una nueva concesión. En un panorama de “minería de papel”, en la que muchas veces no llegaba a moverse una piedra, limitándose la actividad a ser meramente administrativa, esta circunstancia era indicativa de que la mina sí había comenzado a extraer minerales, y se consideraba necesaria su ampliación. Será esta mina el objeto de nuestra visita, y la que alberga los restos más importantes.

Otras minas de plomo del Palaín fueron Los Alumbres (también de Juan Salvador), Hallazgo, La Observación, Librero, Morata o El Apéndice (estas dos últimas, de Ramón Orozco Segura, hijo del gran empresario y político liberal veratense Ramón Orozco Gerez).
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No disponemos de más datos sobre esta época de minería del plomo, pero debió ser muy efímera, por cuanto ya a final de la década de los 70, los Orozco comienzan a registrar en la zona minas de hierro (Desesperado, Enero, Febrero, Abril…)

Sin embargo, va a ser a finales del siglo XIX y principios del XX cuando asistamos a la reactivación de la minería en el Palaín. En la propia Estadística Minera Metalúrgica de España de 1901 se hace referencia a la existencia de diversos estudios de varias empresas en los criaderos de Carboneras. En pleno apogeo del “ciclo del hierro”, las antiguas concesiones plomizas del Palaín van a ser borradas por el impulso de los nuevos registros férricos. Y van a ser, de nuevo, grandes grupos familiares de empresarios los que aparezcan al socaire de la creciente actividad. Casi simultáneamente, los Herederos del industrial malagueño Guillermo Huelin por un lado, y la familia vizcaína Echevarrieta por otro, se van a lanzar a registrar numerosas minas en el término municipal de Carboneras, a través de sus agentes locales Juan José Clemente y Tomás Gangoiti, respectivamente. Muy pronto, los Huelin se van a apartar de la carrera, cediendo a los Echevarrieta el registro (entonces en plena tramitación) de la mina Rafael. Y, precisamente, esta mina va a coincidir casi exactamente con el lugar ocupado por la caducada mina Prusia (30 pertenencias mineras, de 100×100 metros, frente a las 24 pertenencias de la antigua). De hecho, el punto de referencia utilizado para fijar los límites de la mina Rafael va a ser “el cortijo derruido de la antigua mina Prusia”.

Cosme Echevarrieta Lascuráin fue el iniciador de la gran saga familiar vasca. Enriquecido, junto a su socio Larrínaga, con la explotación de minas de hierro en Vizcaya, su política era la de reinvertir sus beneficios en otras minas situadas en cotos más inexplorados, usando para ello una red de ingenieros y apoderados muy cualificados, que estudiaban las posibilidades de las distintas alternativas de inversión (DÍEZ MORLÁN, PABLO: Capital minero e industrialización. El grupo empresarial vizcaino “Echevarrieta y Larrinaga”,1882-1916) De entre todas estas inversiones, las que aportaron gran rentabilidad al grupo fueron las del Coto Fortuna, en Murcia, y las Minas de Ojos Negros, en Sierra Menera (Teruel), que precisamente acabaron siendo alquiladas al grupo de José Ramón de la Sota, el propietario de la Compañía Minera de Sierra Alhamilla, que a través del embarcadero de Aguamarga daba salida desde 1896 a los minerales de hierro extraídos de Lucainena de las Torres.

Las pretensiones de Echevarrieta en el Palaín debieron ser enormes, como se desprende del registro de la mina Bilbao, que ocupaba la desorbitada cantidad de 500 pertenencias mineras, además del registro Rafael (nº 24.500) y del homónimo Rafael (nº 24.462), el traspasado por los Huelin. También en Carboneras, pero en el paraje de Guijarralillo, era propietario de las minas Vizcaya y Nuevo San Andrés.

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El único dato que ha sido posible localizar sobre esta época, y de una forma bastante azarosa, es la referencia aparecida en el diario “Las Provincias de Levante”, de Murcia, del 20 de junio de 1902, que señala textualmente que “en la mina que explotan en el Palaín, término de Carboneras, los Sres. Echevarrieta y Compañía, de Bilbao, se ha cortado a los 100 metros de profundidad, otro nuevo e importante filón de piritas, blendas y galena”. Esta referencia alude, muy probablemente, al pozo que se haya en lo alto de la colina de la Mina Rafael, pues su diámetro es de unos 3 metros, y sus paredes están revestidas cuidadosamente de piedra, lo que es sintomático de su gran importancia.

Sobre el papel, deducimos que la inversión debió ser ruinosa, en vista de la ausencia casi exclusiva de referencias en todas las fuentes consultadas. En particular, apoyamos esta afirmación en el hecho de que ninguna de las minas de Echevarrieta (tampoco del resto de las del Palaín) aparece en las declaraciones trimestrales a efectos del pago del impuesto sobre productos mineros, y cuya publicación en el Boletín Oficial de la Provincia fue obligatoria entre 1880 y 1910. Sí aparecían otras minas de Carboneras, las ubicadas en la Serrata, que movieron grandes cantidades de mineral de hierro, como fueron Restauración, Venganza, Vulcano y, sobre todo, Leovigildo en el Cable.

En 1902 fallece Cosme Echevarrieta, heredando sus propiedades sus dos únicos hijos, Segundo Horacio y Amalia Echevarrieta Maruri. Una década después, los Echevarrieta volvían a estar presentes en las minas almerienses, mediante la sociedad Echevarrieta y Campbell, que explotó las minas de Beires.

Hacia los años 30 del siglo XX, el colapso de la minería almeriense es ya casi total, y habrá que esperar a mediados de los años 50 para asistir a los numerosos, pero insuficientes, esfuerzos por revitalizar el sector. Uno de estos proyectos tiene lugar en 1957 en el Palaín, cuando el abogado lorquino Rafael Cachá Espinar solicita el Permiso de Investigación número 39.240, “Mari Loli”, para mineral de hierro. La superficie es aún mayor que la de la antigua concesión “Bilbao” (1000 pertenencias”), pero en esta época este hecho no es tan significativo, pues con la figura del “Permiso de Investigación” el canon a pagar a la Administración era sustancialmente menor que en caso de la concesión definitiva, por lo que no era en modo alguno inusual una extensión semejante que, de hecho, incluye también los parajes Collado Blanco, la Molata y la Islica.

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Como hecho relevante, que refuerza la centralidad en la minería del Palaín del solar de las minas Prusia y Rafael, se va a tomar como punto de partida, de nuevo un punto apenas a 90 metros “de las ruinas del Cortijo que fue de la antigua mina Prusia”.

La Memoria Técnica del proyecto no aporta grandes novedades, señalando que “a finales del siglo XIX se hicieron trabajos para la búsqueda de mineral de hierro, con auge de la industria siderúrgica pero, debido a que el transporte de los minerales era el problema más difícil a resolver, decayó el interés de explotación”.

Como primera parte de la investigación, se pretendía reconocer el interior de las antiguas labores de las minas Rafael, Mi Capricho y otras, para posteriormente explotarlas racionalmente, con un presupuesto de 50.000 pesetas.

El Permiso de Investigación nunca llegó a la fase de Concesión, y en diciembre de 1960 la Administración declara su caducidad.

En definitiva, hemos recorrido casi un siglo de historia minera de la comarca, y en ningún momento aparece alusión alguna a la presencia de oro. La comarca de Rodalquilar, muy próxima, ha sido estudiada con profusión, y a lo largo del siglo XX han sido numerosos los análisis facultativos y mineralógicos. La primera referencia bibliográfica que se ha encontrado en la que se habla del metal precioso es el nº 109-5 del Boletín Geológico y Minero, de 1998. CASTROVIEJO cataloga el indicio del Palaí (sic) entre los del tipo de “formaciones de skarn con sulfuros”. Mineralógicamente se trataría de un tipo diferente al oro de Rodalquilar, y más semejante a algunos yacimientos de Asturias, los Pirineos o Badajoz (la mina de Cala, que producía oro comercialmente, como subproducto del hierro).

Figura 2 - Castroviejo - Indicios Au

Muy poco después, en 1999, nos encontramos con el primer estudio monográfico dedicado al yacimiento de Palaín, de CARRILLO-ROSÚA y otros (“Mineralogía y texturas del depósito aurífero de Palai”, en el nº 22 del Boletín de la Sociedad Española de Mineralogía). En el mismo atribuyen al depósito el carácter epitermal, asociado a diferencias bruscas de salinidad en fluidos subterráneos a temperaturas entre 250 y 300ºC en las inmediaciones de la importante falla de Carboneras. Atribuye importancia económica a las piritas, el mineral predominante, al oro, que aparece como nativo o en aleaciones con plata, y a esta última, si bien con menor importancia. Los mismos autores, desde la Universidad de Granada, van a publicar sucesivos estudios mineralógicos del yacimiento en 2001, 2002, 2003 y 2007.

Tenemos constancia, igualmente, del interés desplegado por la Universidad de Tübingen (Alemania) por el posible aprovechamiento económico del oro del Palaín, en el marco de un programa de investigación de recursos patrocinado por la Unión Europea, según referencia del estudioso Ebo Hellermann.

Por último, y para añadir un toque pintoresco a la historia (ignoramos si habrá sucesivos capítulos de la misma), en el momento de escribir estas líneas la mina se encuentra a la venta de quien quiera comprarla, por 200.000 euros (negociables). En el portal de Internet milanuncios.com se anuncia como “finca de 14 Has. con reserva de oro en el subsuelo, 340.000 Toneladas, a 1,94 ppm de oro recuperable, se aportan informes”.

Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: ¿llegaron a conocer los mineros antiguos la existencia del oro? En tal caso, ¿calcularon que no sería rentable su explotación?. Probablemente, nunca habrá forma de saberlo, aunque quizás no esté de más dar unas pinceladas de cuál fue el proceso que hizo que la minería del oro sí cuajara en Rodalquilar, muy cerca de Carboneras.

Siguiendo a SÁNCHEZ PICÓN (La quimera del oro. Visionarios locales, negocio privado e inversión pública en unas minas del sureste de España. Rodalquilar, 1883-1966), “la constatación de que en la sierra del Cabo de Gata en Almería existía oro suficiente para acometer una explotación industrial de los criaderos de cuarzo que lo albergaban, fue un proceso largo que se extendió entre las décadas de 1880 y 1920, tras algunos años de laboreo de los minerales de plomo. Esa larguísima etapa de titubeos se concretó en más de cuarenta años de pruebas, ensayos y proyectos con los que algunos visionarios trataban de romper el muro de escepticismo que rodeaba con frecuencia a las noticias del oro de Cabo de Gata”.

Cuando Sánchez Picón habla de visionarios se refiere en primer lugar a Juan López Soler, capataz de minas formado en Escuela de Capataces de Minas y Maestros de Fundición de la provincia de Almería que empezó a funcionar en Vera en 1890.

En 1897 un tío materno de Juan López Soler, Diego Soler Torres, se haría cargo del arrendamiento de la mina Las Niñas, (…) y donde se habían detectado desde la década de 1880 las primeras trazas de la existencia de oro”. Oficialmente, la existencia de oro en Rodalquilar no fue confirmada por el Instituto Geológico hasta 1924, pero se pensaba que su explotación no sería económicamente rentable. El cuarzo aurífero se vendía como fundente a la fábrica Santa Elisa de Mazarrón. Más tarde, se hizo cargo de la Mina María Josefa, embarcándose por su cuenta en la aventura de la metalurgia, abriendo paso a los proyectos más ambiciosos que vendrían después.

Puede que en Carboneras faltara un Juan López Soler, o que entonces no se contaran con los medios técnicos para detectar la presencia del precioso metal. En cualquier caso, aquí nunca pudo llegarse ni siquiera a la quimera del oro.

Tras el recorrido por la Historia, nos centramos en la visita a los restos de patrimonio industrial, absolutamente recomendable y de muy fácil acceso. Se recomienda dejar el vehículo en la Islica, cerca del cauce del río Alías. Remontando este unos 170 metros hacia el interior, a la derecha tomamos un pequeño carril de tierra que en apenas 500 metros nos deja en el complejo minero Prusia/Rafael. Conforme vamos por ese camino, paralelo a una pequeña rambla, nos asombra la sorprendente similitud del paisaje con el del Cerro del Cinto, el epicentro de la última minería de Rodalquilar.

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Llegados a las instalaciones, nos recibe un intenso olor a azufre, mientras caminamos por una explanada donde literalmente vamos pisando gruesos granos de piritas. Estas son aún más abundantes en las escombreras grises. En lo más alto de la colina, está la boca del pozo, bien cercado, y de imponente aspecto.

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Además de las ruinas de un edificio (previsiblemente, el cortijo de la vieja mina Prusia), es inconfundible una gran balsa, y a un nivel inferior a esta, dos “piscinas” con un entramado de canales. Sin duda, se trata de un lavadero de piritas. Lo sorprendente es que las piscinas son cuadradas, y los lavaderos de piritas de otras zonas mineras eran circulares en esa época, hasta la aparición posterior de los de flotación diferencial, para remover la pasta triturada con una pala giratoria (los denominados “rumbos”).

Al otro lado del complejo, vertiendo a otra rambla, econtramos más escombreras y una galería de unos 15 metros, con bonitas paredes de cuarzo blanco. Los yesos son también muy abundantes.

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Al noreste del complejo hay otro pozo, de igual factura que el primero, pero aparentemente de menor profundidad, del que en la actualidad se extrae agua (muy posiblemente, un yacimiento hidrotermal).

Fotos de algunos de los minerales encontrados:

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La cercanía al núcleo urbano de una localidad tan turística como Carboneras, y los valores históricos y paisajísticos del paraje, reclaman a gritos que las Administraciones competentes muestren interés por preservar, investigar y difundir el Patrimonio Industrial del Palaín y su fallida “fiebre del oro”.

Fundición de El Tartel – Vícar (Almería)

En el Barranco del Tartel, encontramos los restos de una de las fundiciones de plomo que tanto abundaron en la Sierra de Gádor.

Aunque Lorenzo Cara Barrionuevo sitúa este paraje en su obra «Notas para el estudio de la minería almeriense anterior al siglo XIX» como uno de los de más antigua explotación, con restos romanos muy próximos, no hemos encontrado referencias a la misma.

Se accede desde la carretera del Canal de Benínar, que discurre paralela a la A-7, a la altura de la Ciudad del Transporte, girando a la derecha cuando vemos unas pitas. Pasamos bajo el Peñón de Bernal (escenario del rodaje de la película Conan el Bárbaro, y subimos por el carril en buen estado hasta llegar a las ruinas.

Lo único que queda en pie son los muros de un edificio de respetable altura, algunas canalizaciones de agua y unas estructuras que parecen las bocas de galerías de humos. También, en la parte que está por encima del camino, hay muros de contención que parecen formar terrazas.

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Por la tipología de lo que parecen ser hornos y galerías y los materiales utilizados, diríamos que se trata de una fundición de la época del auge de la minería del plomo, posterior a la liberalización de 1825.

Cabría pensar que la ubicación de la fundición obedece a la existencia de minas en las inmediaciones. Sin embargo, únicamente hemos localizado dos escombreras cerca de la misma, aguas abajo de la rambla.

Mucho más abajo, y entendemos que sin relación con esta fundición, se encontraba la mina San Andrés, de cobre, de la que se ha borrado la entrada con los trabajos de reforestación.

Si seguimos remontando el camino, llegamos a la Fuente del Tartel.

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Mapa de situación:


 

 

Mina La Amistad – Felix (Almería)

Mina de plomo situada en el Barranco Jitar o del Zarzalejo de Felix, en la Sierra de Gádor (Almería).

Solicitado el Permiso de Investigación por Manuel Góngora Garbín en 1953, pasando posteriormente a la fase de Concesión de Explotación. Se partía de la existencia de una labor antigua, de pocos metros. Se limpió esta de escombros, y se prolongó la galería, siguiendo un manto de galena.

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Si bien en el proyecto de labores se pretendía extender la explotación con otras galerías perpendiculares a la principal, en nuestra visita únicamente encontramos la galería, de unos 70 metros de longitud. Al final, giraba a la derecha, descendiendo.

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La extracción del mineral debió ser muy complicada, por lo abrupto del barranco en el que se encuentra la mina. Hay una pequeña tolva, y unos pilotes de hormigón que podrían ser el soporte de algún cable aéreo, porque no hay camino de acceso alguno a la mina.

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A un nivel algo superior a la galería se encuentra una pequeña balsa, sin duda para el lavado del mineral.

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En la escombrera, y en una de las calicatas adyacentes a la galería, encontramos algo de galena (muy poco), unas muestras minúsculas de fluorita cristalizada, algo más de fluorita masiva, calcita y ankerita. Dentro de la galería, un murciélago, un reptil dentro de una grieta, que podría ser un camaleón, y un grillo cavernícola.

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Enlace al foro Mulhacén, con una entrada de José Francisco Castro Medina sobre la excursión:

http://gr-mulhacen.foroactivo.com/t1368-mina-la-amistad-barranco-jitar-felix-almeria-andalucia-espana

Localización en Google Maps.

Minas de Alquife

Historia

La historia de Alquife, ubicada en la falda norte de Sierra Nevada, al borde de los Llanos de la Calahorra, está ligada desde muy antiguo a la minería. Los romanos explotaron importantes yacimientos de hierro, y los árabes dejaron su impronta en el propio nombre de la población, que era conocida como al-Kahf, que quiere decir «la gruta».

Sin embargo, es a finales del siglo XIX cuando comienza la explotación masiva de los recursos del subsuelo de la comarca, conociendo una gran expansión a lo largo del siglo XX, que le daría la primacía en la producción nacional, para culminar en el abrupto cese de la explotación en 1996, de traumáticas consecuencias que sólo ahora parecen estar superándose.

La historia moderna de la minería en la comarca del Zenete se articula en torno a dos grandes compañías, que tuvieron un origen y siguieron evoluciones dispares. Nos referimos a la compañía británica Alquife Mines y a la Compañía Andaluza de Minas.

Alquife Mines entra en el panorama granadino a finales del siglo XIX tras adquirir las concesiones de la compañía Mines d’Alquife. Su actividad se prolonga ininterrumpidamente hasta 1971, aunque con anterioridad (1953) su capital había pasado a la órbita de Altos Hornos de Vizcaya.

La Compañía Andaluza de Minas (C.A.M.) nace como un apéndice del grupo francés Mokta-el-Hadid, que explotaba otros yacimientos de hierro en Argelia, entrando en la minería granadina tras comprar en 1929 a la sociedad minera Bairds 462 fincas. En la rivalidad con el grupo Alquife Mines, la C.A.M. jugó un papel secundario hasta 1953, fecha en que supera la producción de esta.

La principal diferencia entre ambos grupos consistió en la forma de explotación. Bairds ya había comenzado a acometer la transformación de las minas, para explotarlas a cielo abierto, pero fue la C.A.M. quien imprimió a esta tarea una dimensión colosal. El desmonte de los antiguos pozos fue inmenso y muy costoso, siendo hoy visible la montaña de escombros resultante desde muchos kilómetros de distancia. El resultado es un monumental agujero o roza, que en la actualidad se encuentra totalmente inundado, al cesar en 1996 la actividad minera, que implicaba el desagüe permanente.

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Escombrera de la C.A.M. desde el Castillo de La Calahorra

Tras la Guerra Civil, el sistema económico autárquico provocó que la producción se orientara al mercado nacional, básicamente los altos hornos vascos y asturianos. Conforme nos acercamos al final del siglo la liberalización del mercado y el paulatino desplome de los precios anticipan el inevitable declive. Paradójicamente, es a mediados de los años 80 cuando se acomete la más ambiciosa inversión en materia de transporte: la electrificación de la totalidad de la vía férrea entre la mina y el cargadero de la C.A.M. en Almería. Ya en 1911 se había electrificado un pequeño tramo entre Santa Fe de Mondújar y Gérgal, para evitar el cuello de botella que provocaba en la explotación ferroviaria la enorme pendiente de ese recorrido, en lo que fue la primera electrificación española de vía ancha, y que a mediados de los 60 se prolongó desde Santa Fe a Gádor y a Almería. Con la dieselización se había desmantelado la primitiva electrificación, siendo necesarias dobles tracciones, que en el tramo entre Nacimiento y Doña María Ocaña se convertían en cuádruples, cuando los trenes descendentes cargados de mineral debían afrontar un inoportuno repecho.

El temporal que en diciembre de 1989 destruyó el embarcadero de la C.A.M. fue premonitorio del abrupto fin de la Compañía unos pocos años después. Lo que vino después fue una cruel agonía de suspensiones de pagos, intentos fallidos de reflotamiento, renegociación de deudas y tarifas de transporte, etcétera, hasta que la puntilla la dio la Compañía Sevillana de Electricidad cuando cortó el suministro por los reiterados impagos. A partir de aquí, la desolación y la inundación de la galería, impidiendo una hipotética puesta en marcha en un futuro.

Tras haber pasado los terrenos e instalaciones a manos de una compañía inglesa que pretendía transformalos para uso turístico/residencial, en la actualidad no hay ningún proyecto de viabilidad, y todo el complejo se haya en poder de un inversor inmobiliario de la provincia de Almería.

El poblado

Las antiguas instalaciones mineras y la roza se encontraban cerradas a cal y canto,  pero hasta hacía poco podía visitarse la estación y el poblado minero, de un extraordinario interés. En la actualidad estos también se encuentra vallados, y su propietario ha alquilado las viviendas de los mineros a un nutrido contingente de inmigrantes sudamericanos, que son bastante reacios a dejarnos pasar.

El poblado en sí se remonta a los años cincuenta del siglo XX, siendo construido por la C.A.M. bajo la dirección de Ambrosio del Valle Sáenz, y en el censo de 1962 albergaba ya a 821 obreros. Fue concebido como núcleo autosuficiente dotado de todo lo necesario para el desarrollo de la vida cotidiana de sus productores, que a cambio pagarían un alquiler asociado al contrato de trabajo.

Podemos distinguir 4 zonas bien diferenciadas:

A) Zona industrial y de extracción de la Mina, con instalaciones de cribado, garajes, almacenes, y las vías de RENFE que dividen el pueblo en dos.

B) Zona central: edificios administrativos de la Compañía y algunas viviendas más recientes.

C) Zona sur y sudeste: alberga los servicios básicos para la población, como guardería, economato, y escuela. La capilla tiene una curiosa planta en abanico y testero curvado al exterior, en un esquema que el arquitecto repetiría posteriormente en la iglesia de Santa María Micaela en la barriada de Nuestra Señora de las Angustias de la capital granadina.

D) Zona norte: Campo de deportes, el hospital, la subestación y la enorme escombrera.

Lo que más llama la atención es el polvo rojo del mineral de hierro, que lo inunda todo, y que junto al estado general de abandono le confiere el conjunto un aspecto fantasmagórico. Pasear por sus calles es toda una experiencia, transmitiendo sensación de desconcierto e irrealidad, como si estuviéramos en un decorado cinematográfico.

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Los ramales al Ferrocarril

Para rentabilizar la producción de mineral de hierro, de bajo precio unitario, resultaba fundamental contar con un medio de transporte barato y eficiente. De hecho, la entrada en explotación de los yacimientos estuvo vinculada directamente a la construcción de la línea férrea Linares-Almería. Cada compañía construyó sendos ramales hasta esta línea, y sus respectivos embarcaderos en la ciudad de Almería, el «Cable Inglés» y el «Cable Francés».

El ramal de Alquife enlazaba en la estación de La Calahorra, haciendo necesaria una inexplicable inversión de la marcha de las locomotoras. Fue precisamente en este ramal donde se rodaron varias películas, como las míticas Doctor Zhivago y un sinfín de spaghetti westerns. Los raíles fueron arrancados hace muchos años, pero el trazado es perfectamente distinguible, y aún existe algún pequeño puente metálico. Mención aparte merecen los restos de poblado del oeste que se conservan junto a  la misma estación de La Calahorra, construido para el rodaje de la obra maestra de  Sergio Leone «Hasta que llegó su hora».

La C.A.M. se vio obligada a construir su propio ramal, al no recibir autorización de Alquife Mines para utilizar el suyo, y optó por enlazar en la estación de Huéneja-Dólar, mucho más racional desde el punto de vista de la explotación ferroviaria. El trazado no se ha desmantelado, pero la circulación ferroviaria no resulta posible, existiendo varios árboles atravesados. Irónicamente, un semáforo permanentemente en rojo sigue protegiendo la vía.

La mina

El mayor premio de la visita, que sólo puede realizarse «legalmente» con el permiso de su propietario, es la visión del espectacular socavón a cielo abierto de la C.A.M.. En los últimos tiempos de explotación, cuando aún funcionaba el desagüe, la profunidad llegó a los 300 metros. Ahora sólo es un enorme lago cuyas aguas llegan hasta la mitad de la altura total. El socavón más modesto de la compañía de Alquife sí puede verse desde el exterior del poblado.

Sobrecogedores resultan las ruinas de los hangares, tolvas, cintas transportadoras, puentes metálicos o edificios de duchas y comedor de mineros.

No nos cabe duda de que el futuro nos deparará un uso turístico-residencial de estas instalaciones, habida cuenta del extraordinario valor paisajístico y etnográfico.

Alquife tiene una hermosa iglesia parroquial de estilo mudéjar que fue construida en el siglo XVII por los cristianos viejos que repoblaron la comarca tras la expulsión de los moriscos.Visitas de interés

En el cercano pueblo de La Calahorra es imprescindible la visita al castillo renacentista de los Vélez, en la cumbre de un cerro desde el que se domina la inmensa llanura. Un sitio interesante para comer es el restaurante que hay a la entrada del pueblo, que en su aparcamiento ha restaurado e instalado un vagón “J” que sirve como tienda de productos típicos. Un modesto ejemplo de puesta en valor del patrimonio ferroviario, que bien podría ser imitado. Además, se come muy bien y con precios asequibles.

En invierno podemos disfrutar de la nieve en el Puerto de la Ragua, estratégico paso que une las vertientes norte y sur de Sierra Nevada. Un consorcio entre las Diputaciones de Almería y Granada gestionan su aprovechamiento turístico, centrado en el esquí de fondo y en una enorme pista para pequeños trineos. Dispone de un restaurante autoservicio, aparcamientos y asistencia sanitaria.


 

 

 

Minas de azufre de Las Balsas – Gádor

En la ciudad de Almería, la referencia a las Minas de Gádor ha estado íntimamente unida a las fábricas que hasta hace unos pocos años se ubicaban en la parte alta de la Carretera de Ronda, pero la práctica totalidad de los almerienses ignoran la vinculación de esas instalaciones al municipo de Gádor y a la Sierra a la que da nombre. Para identificar el antecedente directo de un complejo tan arraigado en el paisaje urbano, y que incluso sigue dando nombre a una moderna urbanización que ocupa su solar, hay que remontarse en el tiempo y en el espacio, hasta las faldas orientales de la Sierra de Gádor, donde a finales del siglo XIX comenzó la explotación del azufre, un mineral relativamente raro en el panorama minero almeriense, y que nos ha dejado unos vestigios de gran interés.

HISTORIA

Las mineralizaciones de azufre de Gádor y Benahadux se sitúan en el borde nororiental de la Sierra de Gádor, y los expertos no terminan de ponerse de acuerdo sobre su procedencia, aunque prevalece la interpretación de que se trata de manifestaciones tardías de actividad hidrotermal ligada a la actividad subvolcánica. De hecho, en la zona abundan las aguas freáticas fuertemente ácidas (p.ej. el Manantial La Familia).

El inicio de la minería en la comarca se remonta aproximadamente a 1874, cuando se registraron las primeras concesiones en el paraje de Las Balsas de Gádor, con los nombres de «La Familia» y «La Gracia», multiplicándose las explotaciones en los años siguientes. A principios del siglo XX comienzan las labores mineras en el coto de Benahadux, en una pequeña concesión denominada «El Trovador».

Además de perforar numerosos pozos y galerías, se construyeron costosas instalaciones de desagüe, extracción y beneficio. Además de azufre puro, se explotaron otros minerales, como alunita y calafatita, de la que se extraía sulfato potásico, alúmina y ácido sulfúrico.

La producción de azufre estuvo ligada en gran medida al consumo local, con destino a los parrales de la provincia. El principal problema era la pérdida de mineral durante la fundición, a pesar de haber ensayado varios procedimientos. En 1885 se solucionó este problema, con el invento del denominado «horno Gil», en la explotación «Buen Viento Corre», del paraje de Las Balsas de Gádor. Los beneficios fueron cuantiosos, desarrollándose un pequeño núcleo de población que llegó a albergar a unas mil personas, y cuyo nombre ha perdurado hasta nuestros días. La misma sociedad instaló otra fábrica en las afueras de Almería (cerca de los talleres de Alsina Graells), que ha pervivido hasta fechas recientes.
La producción alcanzó sus niveles máximos entre 1883 y 1893, llegándose a exportar una parte en forma de ácido sulfúrico. El ocaso vino aparejado con el agotamiento de los filones, agravado por los rudimentarios métodos de laboreo y el afloramiento de aguas subterráneas.

La minería de azufre en la Sierra de Gádor quedó totalmente abandonada en 1952, habiéndose extraído alrededor de 400.000 Tm. en Benahadux y una cantidad algo mayor en Las Balsas, si bien consta la existencia de una reciente campaña de sondeos de una compañía minera.

LOCALIZACIÓN

Llegar a las Balsas de Gádor no es demasiado complicado. Desde Benahadux, tomando la A-348 con dirección a Alhama, tomamos un desvío a la izquierda, señalizado como “Las Minas”. Una carretera nueva nos lleva hasta el Centro de Recogida de Residuos. Casi antes de llegar a este, debemos tomar a la derecha un pequeño carril asfaltado. A unos dos kilómetros se convierte en pista de tierra, desembocando en otra carretera asfaltada que da servicio a los camiones de las canteras que transportan áridos hasta la cercana fábrica de cemento de Holcim. La seguimos a la derecha (dirección norte-este), cruzando la rambla de Las Balsas, y teniendo cuidado de no desviarnos de ella, pues nos aparecen varios ramales que desembocan directamente en las canteras, con numerosos avisos de peligro por voladuras. Cuando hemos recorrido unos dos kilómetros aproximadamente surge tras una curva la inconfundible figura de una chimenea, muy probablemente vestigio de la fundición «Los Leones». Detenemos el coche en el arcén y ascendemos a pie por la loma hasta divisar todas las ruinas.

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DESCRIPCIÓNNos encontramos ya en el paraje conocido Las Minas, que abarca las demarcaciones mineras conocidas por: Reales Órdenes, Los Amigos, Fin de Año, De Mº a fin de año,  Segundo Cordonazo y, la más importante, Buen Viento Corre. Buscamos primero los restos del edificio que albergó la casa gerencia de la explotación. Desde ahí se pueden divisar los elementos más interesantes de todo el conjunto: tres baterías independientes de 8 hornos de calcinación cada una, característicos por su forma circular. De ellas, la más cercana a la casa gerencia es la mejor conservada. Por doquier afloran pequeñas rocas de azufre, perfectamente distinguibles por su color amarillo y olor penetrante. En la batería situada en la parte más elevada abundan también unas extrañas piedras ligeras de color negruzco y con incrustaciones rocas. No son otra cosa que las escorias de la fundición. En la bibliografía consta la existencia de otra batería de «hornos Gil», que creemos se encuentran algo más alejados, al otro lado de la carretera, en plena cuesta.
En el cerro que bordea al complejo observamos también la silueta de lo que parece un canal, de arriba hacia abajo, probablemente vinculado a alguna instalación de desagüe o transporte de agua. No en balde, hay constancia de que en las explotaciones mineras se llevó a cabo la lixivación del mineral de calafatita. Una vez calcinado, se disolvía el sulfato potásico, dejando insoluble la alúmina. Se necesitaban 5 metros cúbicos por tonelada de sulfato potásico. Las aguas con el sulfato en disolución se llevaban a balsas de evaporación. Debido a lo benigno del clima de Almería, no se necesitaba ningún otro agente evaporador. Sin embargo, no hemos podido localizar restos de estas balsas.

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Batería de hornos en la parte más elevada de la explotación. Al fondo posible canalización

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Vista de los hornos superiores desde el otro extremo

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El complejo «Buen Viento Corre» visto desde arriba

PROTECCIÓN

Protegido como Inmueble nº 27 del Anexo de la Resolución de 7 de enero de 2004, de la Dirección General de Bienes Culturales, por la que se resuelve inscribir colectivamente con carácter genérico en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz cuarenta y cuatro Bienes Inmuebles pertenecientes al Patrimonio Industrial relacionados con la minería de los siglosXIX y XX en la provincia de Almería (BOJA nº 29 de 12/02/2004).

RIESGOS Y AMENAZAS

En la actualidad, todo el paraje se encuentra en total estado de abandono, en un entorno deshabitado. La principal amenaza estriba en las numerosas explotaciones a cielo abierto de áridos para la fabricación de cementos en la cercana fábrica de Holcim. Tanto las voladuras como el continuo tráfico de camiones de elevado tonelaje provocan vibraciones de gran intensidad, que amenazan con derrumbar unos hornos que ya se encuentran en un estado de conservación bastante precario.

Cable Inglés (Embarcadero de Alquife)

Se trata del monumento emblemático del Patrimonio Industrial en Almería, pese a lo cual ha estado en dos ocasiones cerca de haber sido derribado. Su imponente silueta centenaria ha dotado de personalidad al frente marítimo de la capital, y generaciones de almerienses no concebiríamos nuestra ciudad privada de su presencia, solemne y altiva.

Testimonio vivo de la historia minera compartida por las provincias de Granada y Almería, a sus indudables valores estéticos e interpretativos hay que añadir los arquitectónicos, pues su construcción supuso en su momento un hito de la ingeniería civil, y obra maestra de la Arquitectura del Hierro. En el Reino Unido lamentan amargamente hoy no haber conservado durante la década de los cincuenta del siglo XX otras construcciones similares.

Tema recurrente en nuestra provincia es su rehabilitación y puesta en valor. La maraña administrativa nos dice que hay un proyecto en curso, pero la interminable sucesión de promesas e ilusiones fallidas nos hacen ser, si cabe, más escépticos y reivindicativos. Como en Madrid la Puerta de Alcalá, ojalá el Cable Inglés siga durante más siglos «viendo pasar el tiempo».

Historia

El 27 de abril de 1904, SM. el rey Don Alfonso XIII, inauguró el cargadero de mineral El Alquife, llamado popularmente «El Cable Inglés». Se trata de un muelle o cargadero concebido  como medio de transporte, almacenaje y embarque del mineral procedente de las minas de hierro de Alquife (Granada) por vía marítima.

Fue construido por la compañía británica «The Alquife Mines and Railway Company» entre 1902 y 1904. El proyecto fue redactado por el ingeniero escocés John Ernest Harrison (Glasgow 1860-1947) y firmado por el ingeniero español Andrés Moche.

La presencia en la playa de las Almadrabillas de una rara variedad de crustáceos provocó que por primera vez en el mundo se utilizara la técnica de hormigón inyectado, al tener que descartar la madera. Mediante su construcción se consiguió agilizar y abaratar el proceso de embarque del mineral de hierro. Los trenes accedían a la parte superior, descargando por gravedad el mineral a unas gigantescas tolvas albergadas en el interior de la estructura metálica, con una altura de 17 metros y una longitud superior a los 100 metros. Esa gran capacidad permitía la continuidad de las labores de transporte con independencia de las circunstancias de la navegación, así como el atraque de buques de gran tonelaje.

El cargadero siguió utilizándose ininterrumpidamente hasta 1971, tras el cierre de la explotación minera de Alquife. El vecino cargadero de la Compañía Andaluza de Minas (el Cable Francés), que también canalizaba mineral de otra explotación contigua a la de Alquife Mines, siguió activo hasta 1996.

Localización

Está situado en plena playa de las Almadrabillas, justo entre el Puerto comercial y el deportivo, al final de la Rambla de Almería, en un enclave privilegiado. Junto a él, en tierra, se ha levantado el monumento a las víctimas almerienses de los campos de concentración nazis.

No podemos olvidarnos de que el conjunto del embarcadero no está formado únicamente por su estructura metálica, sino que también abarca los bellos arcos de piedra que le dan elevación a la vía desde la Estación del Ferrocarril, alternando con estilizados puentes metálicos.

El tránsito por su interior o por su tablero superior está rigurosamente prohibido, por razones de seguridad, si bien no es raro observar a pescadores que se adentran en busca de un sitio estratégico.

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Riesgos y protección

Gracias a que la empresa propietaria del cargadero, Agruminsa, no consiguió los fondos necesarios para su desmantelamiento en 1974, se evitó su irreparable pérdida. Sin embargo, a finales de la década de los noventa, una inexplicable campaña lanzada desde algunos medios se propuso eliminar lo que consideraban «un estorbo». Por suerte, su protección en 1998 como Bien de Interés Cultural lo evitó. Lo que no pudo evitar es la desidia y la falta de interés en la rehabilitación y aseguramiento de la estructura.

Recientemente se ha convocado un concurso de ideas y proyecto básico de rehabilitación, al que se presentaron prestigiosos gabinetes de arquitectura. El proyecto ganador ha optado por un enfoque lo menos agresivo posible, dando prioridad a su interpretación y contextualización, ubicando en su interior una sala de exposiciones y una cafetería con mirador panorámico.

Esperemos que la adjudicación de las obras no se haga esperar más tiempo, y que por fin podamos disfrutar del monumento en toda su plenitud.

Fundición de Castala

Situación:Se trata de unos de los relativamente escasos restos de la Minería de Sierra de Gádor, la que dio inicio al siglo minero por antonomasia de Almería, el XIX. De muy fácil acceso desde la carretera que une Berja con Castala, al otro a la Rambla de Julbina, y bajo el emblemático Peñón de Castala. Conviene ir con cuidado porque a unos cien metros al norte existe una hilera de panales de abejas.

Historia y descripción

De la importancia de la fundición nos habla la continuidad de la actividad durante un prolongado período, habiendo comenzado con un horno castellano (o «reverbero del país») para terminar utilizando los más avanzados hornos reverberos ingleses. Salvo una tolva de obra, que se encuentra prácticamente intacta, tan sólo unos pocos muros se tienen hoy en día en pie. Lo más interesante es el inicio de la compleja red de galerías de condensación, que conectaban la cámara de combustión con la chimenea. Esta es una constante que se repite en todas las fundiciones de plomo, y tenía una doble finalidad: alejando la fuente de emanación de gases se reducían los graves problemas ambientales y de salud (cólicos «saturnales»), y con el consiguiente enfriamiento del aire se condensaba el plomo en forma de partículas, aprovechándose como mineral. Paradójicamente, un aspecto reseñable no es los restos que han quedado, sino alguno de los que no se han conservado. Y nos referimos a la chimenea de la fundición. Sistemáticamente, en industrias de todo tipo, una vez derribadas al quedar fuera de uso, existe la misteriosa tendencia a conservar únicamente la chimenea. No ha sido así en este caso, aunque se aprecia perfectamente cuál pudo haber sido su emplazamiento si seguimos la trayectoria de la galería de condensación principal, que asciende por la elevada pendiente del Peñón de Castala. Otro punto de interés es el enorme escorial de restos de fundición. Se trata de rocas muy características por su color negruzco y sus formas caprichosas, Además, sorprende su peso, escaso en comparación con su tamaño.

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Amenazas y protección:

Aunque aún no hayan llegado a sus proximidades, se detecta no muy lejos de allí la gran proliferación de invernaderos y roturación de tierras.

Otros puntos de interés:

Continuando la carretera hacia el norte llegamos al Parque Periurbano de Castala, que tiene su origen en una antiguo vivero para repoblación de la Sierra, y que había sido construido en los años 50. Transformado más tarde por el ICONA en Área Recreativa, en la actualidad es gestionada por la Consejería de Medio Ambiente, y aporta una agradable masa forestal y numerosos equipamientos (barbacoas, piscina, restaurante…) En la misma Castala merece la pena ver la Ermita de San Tesifón de Castala, construida en el siglo XVI. Lo más destacado de la Iglesia, además de su torre, son las tallas del Cristo Yacente; el niño que sustenta la Virgen del Rosario, ambas del siglo XVII, salvada de la quema masiva de Santos efectuada en la Guerra Civil y el valioso óleo de la Purísima Concepción procedente de la escuela de Juan de Juanes.

El pueblo de Berja es la cabecera de la Alpujarra más oriental, y aún destacan las enormes mansiones decimonónicas construidas por la burguesía local con los capitales de la minería, que más tarde fueron invertidos en tierras. Esa impronta romántica ha quedado en el Paseo Cervantes, una hermosa alameda en pleno corazón del pueblo.

Otra figura característica de Berja es su Iglesia Parroquial, reconstruida en 1804. Es una obra excepcional dentro del neoclasicismo almeriense por su estructura basilical de tres naves separadas por columnas.

Para tapear, pregunte por el «Cahete» y a buen seguro quedará satisfecho.

Fundición Real de Alcora

La pedanía de Alcora, en la umbría de la Sierra de Gádor, alberga un extraordinario elemento de Patrimonio Industrial, en un magnífico estado de conservación a pesar de remontarse a una época muy precoz de la minería contemporánea.

La Real Fábrica de Plomos de Alcora es, de hecho, la única que se conserva casi íntegra en todo el sur de España.

Situada al final de la calle principal (si no única) de Alcora, en su lado izquierdo conforme llegamos desde Canjáyar, vista desde fuera podría pasar por un coqueto cortijo de paredes encaladas y tejas ocres, con una pequeña ermita a la entrada. Sin embargo, al adentrarnos en el callejón nos sorprenden dos especies de garitas, y al final las estructuras pétreas de los antiguos hornos y tolvas, testigos de una época de una actividad frenética que no podía resultar más ajena a la estructura económica imperante de la agricultura tradicional.

 

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La visita resulta posible gracias a la amabilidad de sus actuales inquilinos, que nos dicen que son aparceros de unas tierras que se sitúan a espaldas de la fábrica.

Historia

Siguiendo a Lorenzo Cara Barrionuevo en la obra editada por el Ayuntamiento de Berja «La Minería de Sierra de Gádor. Nuestro Legado», podemos remontarnos al segundo tercio del siglo XVIII, cuando durante el reinado de Carlos III se crea la Dirección General de Minas, que reorganizó la producción de minerales.

La fundición del plomo de Sierra de Gádor se establecía de manera obligatoria en las fábricas nacionales de Alcora (1753), Turón (1789) y Presidio (actual Fuente Victoria), basada principalmente en la producción de municiones.

Descripción

El complejo consta de un conjunto de edificios alineados a lo largo de un patio, que sirve de acceso al área de fundición, más otras dependencias auxiliares y de transformación del mineral.

Nos dice Lorenzo Cara que el gran almacén es conocido como «de Carlos IV», sin que se sepa el origen de tal denominación. Al fondo está la sala de fundición, compuesta de dos hornos castellanos de planta cuadrada y alzado piramidal, con tres puertas abocinadas, dispuestos al aire libre para evacuar los gases. La nave que la franquea queda alzada sobre otros tantos pares de columnas de mampostería, de las que parten arcos de ladrillo.

 

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A poniente queda una plataforma alzada varios metros sobre los hornos, que constituye un amplio espacio empedrado para triturar y aventar las tierras de las que extraer el plomo.

 

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Protección y amenazas

Protegido como Inmueble nº 9 del Anexo de la Resolución de 7 de enero de 2004, de la Dirección General de Bienes Culturales, por la que se resuelve inscribir colectivamente con carácter genérico en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz cuarenta y cuatro Bienes Inmuebles pertenecientes al Patrimonio Industrial relacionados con la minería de los siglosXIX y XX en la provincia de Almería (BOJA nº 29 de 12/02/2004).

Si bien el estado de conservación es excelente, sería conveniente la puesta en valor del elemento mediante su adecuada señalización que posibilite su adecuada interpretación.